29 mayo, 2008

Eleanor Marx, hija de Karl


Por Eduardo Berti



Karl Marx no era visto como un buen candidato y sólo pudo casarse con Jenny von Westphalen, amiga de la niñez e hija de aristócratas, tras la muerte de los padres de ella. El matrimonio pasó penurias económicas y su sueño de tener hijos fue complicado: Heinrich y Francisca Marx murieron antes de cumplir un año (puede que a causa de la pobreza) y Marx debió pedir dos libras prestadas para el entierro de esta última; Edgar Marx murió a los ocho años y, a pesar de su corta edad, se le atribuyó la muy dudosa autoría de un texto que reza: "En un momento pensé decirle a mi padre que dejara de luchar por los intereses del proletariado, porque lo único que conseguía con ello era que nuestra vida, la de la familia Marx, fuese cada día más incierta, miserable y enfermiza.”

Más longevos, pero no menos trágicos, fueron los casos de Laura Marx, nacida en 1845, y de Eleanor Marx, que nació en Londres diez años más tarde y se desempeñó como secretaria de su padre, antes de ejercer la docencia, fundar la Liga Socialista, convertirse en activista sindical y preparar la edición inglesa de “Das Kapital”.

ELEANOR MARX


En 1884, un año después de la muerte de Karl, Eleanor se enamoró del médico Edward Aveling, reputado anatomista y autor del libro “The Religious Views of Charles Darwin”, donde afirmaba que Darwin, a quien conoció personalmente, era ateo. Mujeriego empedernido, Aveling estaba legalmente casado con Isabel Frank y había tenido, si no seguía teniendo, lazos amorosos con la escritora Annie Wood Besant.

Edward y Eleanor vivieron juntos, escribieron a dúo “The Woman Question” (1886) y viajaron a Estados Unidos, donde ayudaron a organizar el Socialist Party of America. Con el tiempo se distanciaron de la política y se volcaron al teatro: él escribió algunas piezas y cuatro llegaron a estrenarse sin mucho éxito; en conjunto montaron una versión de “Casa de muñecas”, de Ibsen, autor que ella admiraba y del que tradujo varias obras; Eleanor también volcó al inglés “Madame Bovary”, de Flaubert.

EDWARD AVELING


En 1895 Aveling cayó muy enfermo y Eleanor pasó meses a su lado. No obstante, apenas recuperado, él inició un romance con una actriz de 22 años llamada Eva Frye. La cosa se recompuso, unos murmuran que gracias a un dinero que Eleanor recibió de Friedrich Engels y que atrajo a Aveling, sumido por entonces en grandes deudas. Pero al cabo de tres años Aveling empeoró, debió ser operado de urgencia y le confesó a Eleanor que se había casado con Eva Frye en secreto, bajo un nombre falso, y que en adelante viviría con su nueva esposa. Desde luego, Eleanor se sintió traicionada. El 31 de marzo se envenenó con ácido prúsico y su suicidio conmovió al socialismo internacional. Meses después, en agosto, Aveling murió: acaso se quitó la vida o su salud terminó de deteriorarse. En su biografía de Eleanor, Yvonne Kapp no afima con certeza que el suicidio de la hija de Marx se debiera a su desengaño amoroso. Otros historiadores piensan que sí.

¿Quizá la doble vida de Aveling le dolió especialmente a Eleanor Marx porque allí vio repetirse la historia de su padre con Helene Demuth, la fiel sirviente de la familia Marx que diera a luz un niño varón cuyo padre seguramente fue Karl, pese a que el fiel amigo Engels salió en su momento a reconocerlo? No es raro que ciertos hechos y ciertas fechas se repitan en las familias. El mismo Karl que no había obtenido la aprobación de los padres de Jenny, rechazó al periodista francés Hippolyte Lissagaray cuando, allá por 1872, Eleanor quiso casarse con él. Ella sólo tenía 17 años y era apodada "Tussy"; él tenía el doble de edad.

En cuanto a Laura Marx, repitió el desenlace de su hermana menor y se suicidó en 1911 junto con su esposo Paul Lafargue, autor de una obra llamada “Elogio de la pereza” donde postulaba jornadas laborales de tres horas y por lo tanto, según ciertos teóricos, impugnaba uno de los valores centrales del marxismo: el trabajo. “Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”, había escrito Lafargue, deseoso de fusionar marxismo con hedonismo.~

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creería en la versión que le atribuye al pobre Edgar la autoría de semejante texto.
Con algunos amigos bromeamos sobre las desventuras de haber sido "pobres niños marxistas" que es algo casi tan dificil de sobrevivir como las más férreas
educaciones religiosas.
Y para educación sentimental, mejor que Marx,
Flaubert.
Lindísimo post.
Laura

mariano dijo...

Digno hijo de un socialista.
Acaso habría que apuntarse algunos ítems para reprocharselos al viejo Karl a saber:
pésimas condiciones materiales de existencia pero que, de alguna manera no influyeron en la producción intelectual de la hija marxista agitadora y grano en el orto de la burguesia