19 mayo, 2008

El padre de un asesino


Por Eduardo Berti

Cuando Alfred Andersch era niño, allá por 1928, fue a un colegio de Múnich cuyo director o "rex" era "el viejo Himmler", padre del futuro dirigente nazi y mano derecha de Hitler. El hecho es evocado en este relato, aunque no en clave autobiográfica, sino a través de una especie de álter ego llamado Franz Kien. La autobiografía tradicional "no permite que el narrador se distancie demasiado", apunta Andersch en un jugoso "Epílogo para el lector", incluido en esta edición. "Contar algo en tercera persona permite al escritor ser muchísimo más sincero" y, añadamos en este caso puntual, concentrar más la intensidad ya que no todo lo que ocurre en el relato fue experimentado de forma directa por el autor (pero sí lo será por Kien).

La estructura del texto es engañosamente simple: como en una escena teatral, casi todo sucede en orden cronológico durante una hora de clase de griego. Para sorpresa de los alumnos y también del profesor Kandlbinder, el "rex" efectúa una visita de inspección. El profesor hace, a juicio de Kien, una jugada incorrecta y sacrifica a su mejor alumno en la primera movida. Pero Himmler tiene otros planes y está muy bien informado de los puntos débiles de la clase, de los malos alumnos, de los conflictivos. A diferencia de otras obras donde los recuerdos escolares son expuestos con conocimiento de futuro (“The Prime of Miss Jean Brodie”, de Muriel Spark es un caso paradigmático), los hechos aquí están contados como si se ignorase el devenir, renunciado a cualquier pista de lo que ocurrió después. Semejante devenir (la guerra, el nazismo, el holocausto) parece negarse a quedar afuera y hace fuerza para colarse desde el epílogo, desde el texto de contratapa o, con deliberación por parte de Andersch, desde la palabra "asesino" del título. Aparte de esto, es el lector quien "conoce el futuro", por retomar la idea de Carlos Fuentes; por eso mismo la estrategia narrativa logra suscitar un efecto tan perturbador.


Técnicamente, Andersch logra potenciar la sensación de presente absoluto intercalando al narrador en tercera persona (sólo focalizado en su álter ego ya que los demás personajes, como indica en su epílogo, son "puros objetos de observación") diversas reflexiones de Kien, muchas de ellas volcadas en estilo directo, en primera persona: "Está enmistado mortalmente con su hijo. El viejo Himmler es del partido conservador bávaro [ ] y ni siquiera es antisemita". Con sutileza parecida, Andersch rompe dos veces la linealidad: por la mitad, cuando el narrador recuerda ciertas historias acerca del "rex" que le contó su padre, un oficial en la última guerra ("última" y no "primera", porque se ignora el futuro) y simpatizante del nacionalismo alemán; al final, cuando tras una elipsis la acción da un salto temporal a la casa paterna, aunque no de una sola vez, sino mediante un flashforward , un flashback al aula y otro flashforward más.


Andersch sostuvo que no había escrito este relato para explicar que el viejo Himmler estaba predestinado a ser el padre del joven, ni tampoco lo contrario: que un criminal debía nacer de semejante padre. El lector no tardará en notar un gran sadismo en el "viejo Himmler", una indignante humillación en la escena y una temerosa pasividad en todos quienes rodean al "rex"; nada más tentador que entablar paralelismos históricos a partir de estos elementos. Lo que, en cambio, parece intencional es cierta identificación entre Franz Kien y el profesor de griego. El segundo, a diferencia de sus colegas, no se ha buscado un preferido ni un alumno al que no pueda ver; "quiere mantenerse al margen de todo", piensa Franz de él. En cuanto a Kien, no tiene ningún amigo íntimo entre sus compañeros.


"El padre de un asesino" fue publicado tras la muerte de Andersch, en 1980, y se vincula a su modo con otros libros suyos que se tradujeron años atrás: esa novela llamada "Efraim" (para W. G. Sebald una obra "usurpadora", porque un autor no judío pretendía "sacar provecho" del tema de la Shoah), esos cuentos inquietantes y al borde de lo fantástico que integran "Un amante de la penumbra" (ambos libros fueron publicados en los ochenta por Centro Editor de América Latina). Con indisimulada preocupación, Andersch observa en su epílogo que el asesino, Himmler hijo, no creció entre los hombres del proletariado más bajo, sino en una familia burguesa de fina educación humanística. "¿El humanismo, pues, no protege de nada?", es la pregunta que invita a una lectura de esta historia maravillosamente escrita.~

Comentario de “El padre de un asesino”, de Alfred Andersch (Norma), publicado el pasado sábado 17 de mayo de 2008, en ADN Cultura, La Nación, Buenos Aires, Argentina.

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