15 abril, 2008

Memoria y deslumbramiento

Una vez, sentada casualmente junto a Bergson en una cena, le confié mi apuro y me perplejidad ante los peculiares fallos de mi memoria. ¿Por qué sería, le pregunté, que recordaba yo –con exasperante precisión, incluso- las cosas más inútiles e insignificantes, como las señas de todas las personas que conocía o el autor del libreto de todas las operas que había presenciado, mientras que cuando se trataba de poesía, mi principal pasión y mi mayor tesoro, la memoria verbal me fallaba por completo y oía la cadencia interna pero apenas podía recordar las palabras exactas?

Tuve la impresión, antes de terminar, que mi problema no le interesaba demasiado a mi eminente vecino de mesa; y su réplica me pareció frustrante: “Mais c’est précisement parce que vous êtes éblouie” (“Es precisamente porque está usted deslumbrada”), me respondió con calma, observando la bandeja que le presentaban y sin hacer el menor esfuerzo por ahondar en el asunto. Sólo después comprendí que había dicho cuanto había para decir: que el don de la precisión en estado de éxtasis (la mejor definición que se me ocurre para la suprema poesía) es probablemente tan raro en quien aprecia como en quien crea, y que mis años de soledad intelectual me habían hecho tan hipersensible al placer del discurso de auténtica altura que me era imposible registrarlo con precisión en mi memoria.~

Edith Wharton, “Una mirada atrás” (memorias)

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