30 marzo, 2008

Un sueño de Freud

La noche del veintidós de septiembre de 1939, el día antes de morir, el doctor Sigmund Freud, intérprete de los sueños ajenos, tuvo un sueño.

Soñó que se había convertido en Dora y que estaba cruzando una Viena bombardeada. (…) ¿Cómo es posible que esta ciudad haya sido destruida?, se preguntaba el doctor Freud, e intentaba sujetarse los senos, que eran postizos. Pero en aquel momento se cruzó, en la Rathausstrasse, con Frau Marta, que avanzaba con el Neue Frei Presse abierto ante sí.

Oh, querida Dora, dijo Frau Marta, acabo de leer precisamente ahora que el doctor Freud ha vuelto a Viena desde París y vive justo aquí, en el número siete de la Rathausstrasse, quizá le sentaría bien que lo visitara. Y mientras lo decía, apartó con el pie el cadáver de un soldado.

El doctor Freud sintió una gran vergüenza y se bajó el velo del sombrero. No sé por qué, dijo tímidamente.

Porque tiene usted muchos problemas, querida Dora, dijo Frau Marta, tiene usted muchos problemas, como todos nosotros, necesita confiarse a alguien, y, créame, nadie mejor que el doctor Freud para las confidencias, él lo comprende todo acerca de las mujeres, a veces parece incluso una mujer, de tanto como se ensimisma en su papel.

El doctor Freud se despidió con amabilidad pero con rapidez y retomó su camino. Un poco más adelante se cruzó con el mozo del carnicero, que la miró con insistencia y le soltó un piropo grosero.

El doctor Freud se detuvo, porque hubiera querido darle un puñetazo, pero el mozo del carnicero le miró las piernas y le dijo: Dora, a ti te hace falta un hombre de verdad, para que dejes de estar enamorada de tus fantasías.

El doctor Freud se detuvo irritado. Y tú ¿cómo lo sabes?, le preguntó.

Lo sabe toda Viena, dijo el mozo del carnicero, tú tienes demasiadas fantasías sexuales, lo ha descubierto el doctor Freud.~


Fragmento del “Sueño del doctor Sigmund Freud, intérprete de los sueños ajenos”, texto que integra el libro “Sueños de sueños” (Anagrama), donde Antonio Tabucchi imagina los sueños de diversos personajes célebres: Toulouse-Lautrec, Goya, Stevenson, Rimbaud, Ovidio, Rabelais y el infaltable Pessoa, entre otros.
(Traducción de Carlos Gumpert Melgosa y Xavier González Rovira.)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lindísimo!
Me parece que frau Marta, diciendo ese comentario cizañero de la femineidad de SF habría de ser Martha Bernays, la esposa del maestro.
Laura