07 marzo, 2008

Lady Susan



Lo que sigue es una versión resumida del posfacio que escribí para la flamante edición de la novela “Lady Susan”, de Jane Austen, publicada por la editorial La Compañía.


Por Eduardo Berti

Se cree que Jane Austen escribió Lady Susan en algún período entre 1794 y 1805, año de la muerte de su padre. En cualquier caso, la breve novela no fue publicada en vida y recién se divulgó en 1870.

No es la única «obra de aprendizaje» de Austen que sobrevivió, pero sí la más interesante y madura.

En ella, Austen emplea el formato epistolar. Esto se debe, sin duda, a la influencia de Pamela o la virtud recompensada (1740), de Samuel Richardson, o incluso de Las amistades peligrosas (1782), de Pierre Choderlos de Laclos, dos clásicos del género.

Antes de Lady Susan, Austen ya había intentado escribir ficción usando una secuencia de cartas. El precedente más notable es un breve cuento titulado «Amelia Webster», que se limita a narrar el arreglo de tres bodas a partir de siete cartas muy escuetas. Hay quienes afirman, inclusive, que el primer manuscrito de Pride and Prejudice (cuyo título original era First Impressions) también fue plasmado en formato epistolar.


En las novelas de Austen (y Lady Susan no escapa a estas características), los conflictos suelen darse dentro de una familia o, por lo menos, dentro de un círculo cerrado, lejos de la escena pública. Las tramas suelen estructurarse en torno al matrimonio de la protagonista principal o en torno a la necesidad de celebrar una boda por conveniencia.

Paradójicamente, Jane y su hermana Cassandra nunca contrajeron matrimonio. En 1795, con veinte años de edad, Jane conoció a un tal Tom Lefroy y ésa es la única pasión amorosa que consignan sus biógrafos. Según parece, la tía de Tom se encargó de impedir que su sobrino se casara con una joven proveniente de una familia modesta. En otras palabras, Jane no era un «buen partido» y el joven Lefroy fue enviado de regreso a Dublin.

Escritores más o menos recientes, desde David Lodge hasta Somerset Maugham, desde Anthony Burgess hasta E.M. Forster, han reconocido los valores de los textos de Austen. De todos ellos, Maugham, supo dar una de las definiciones más gráficas: «En sus libros no pasa gran cosa y, sin embargo, cuando uno llega al final de la página, quiere seguir leyendo con avidez para saber qué va a ocurrir. Otra vez, no pasa casi nada, pero uno sigue leyendo con curiosidad. El novelista que logra esto posee el don más preciado de cuantos se pueden poseer».~

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