25 marzo, 2008

Elmyr, maestro falsario


Por Eduardo Berti

Hace poco más de medio siglo, un pintor ignoto le mostró a una multimillonaria un dibujo hecho en minutos. La mujer creyó que era un Picasso y ofreció mucho dinero. El pintor, llamado Elmyr de Hory, no se esforzó en aclarar el equívoco. Embolsó el dinero y comprendió que acababa de encontrar una forma –para él sencilla– de ganarse de vida.

En los años siguientes, Elmyr se convirtió en el mayor falsificador de obras de arte del siglo XX o, por lo menos, en uno de los mayores al lado de Eric Hebborn, Hans van Meegeren y Alceo Dossena. Experto en imitar a Matisse, Modigliani o Picasso, llegó a pintar unos mil cuadros cuyo valor –antes de que se descubriese su falsedad– rondó los 100 millones de dólares.

Nacido en 1905 en una familia de aristócratas judíos, criado en Budapest y París, Elmyr fue capturado en los cuarenta por la Gestapo y llevado a Alemania. En un interrogatorio le fracturaron una pierna; lo internaron en un hospital de Berlín del que logró huir gracias a que olvidaron echar llave. Tras la guerra se radicó en los Estados Unidos. Los expertos tomaban sus cuadros por originales, hasta que un par fueron puestos en duda y, perseguido por el FBI, debió refugiarse en México y después en Ibiza. Puede no sorprender que un magnate del petróleo llegara a comprar como auténticos 45 cuadros de Elmyr, entre ellos quince Duffy y siete Modigliani; lo asombroso es que no sólo embaucaba a nuevos ricos, sino a importantes museos nacionales como el de Tokio.

Las vanguardias de este siglo nos enseñaron a desconfiar de las nociones de original y copia. Duchamp le puso el cascabel –o el bigote– a la Mona Lisa; Pierre Menard ni siquiera se molestó en añadir algún detalle cuando reescribió su Quijote. La intención de Elmyr era sin dudas más mercantil que artística, pero iluminó a otros maestros del fraude creativo como Orson Welles. Una de las mejores películas de Welles, el semidocumental “F for Fake” (“F de fraude”, 1974), tiene a Elmyr como personaje. “Si los abogados lo permitieran”, dice allí Welles, “podríamos dar el nombre de un respetadísimo museo con una vasta colección de obras impresionistas, todas ellas pintadas por De Hory”.

Welles se interesó en Elmyr tras leer la biografía “Fake”, escrita por Clifford Irving, y ya avanzaba en una primera versión de su película cuando ocurrió una ironía perfecta: el biógrafo del falsificador, Irving, dio a conocer otro libro –dedicado al magnate Howard Hughes– que resultó ser tan falso como un falso Modigliani de Elmyr. Entonces Welles, que en su juventud había sembrado el pánico con la transmisión radial de una falsa invasión extraterrestre, sintió la irresistible tentación de jugar a la verdad y la mentira.

En un documental más reciente, Knut Jorfald quiso reconstruir la “verdadera” vida de Elmyr entrevistando a conocidos como la actriz Ursula Andress o el contrabandista Anthony Hugo. La sensación es que Elmyr falsificó con igual habilidad su biografía. Se comenta que en el registro civil húngaro aparece como Dory. Se sabe que estuvo fugazmente preso en Ibiza, en 1968, por “carecer de medios demostrables de subsistencia”. Se afirma que era homosexual. Se sospecha que en su vejez perdió el don de la copia perfecta y se retiró de la falsificación. Se sabe que en diciembre de 1976, mientras la justicia francesa lo requería bajo graves cargos, fue hallado muerto en su casa de Ibiza; se habló entonces de suicidio, pero aún hoy se especula acerca de ello. ¿Y si Elmyr falsificó hasta su muerte, para burlar la inevitable condena?

Un año antes de esta muerte, se inauguró en Madrid una muestra de cuadros “al estilo de” aunque firmados, no sin orgullo, “Elmyr”. Hace poco, una galería suiza puso en venta falsificaciones de Elmyr a precios importantes: un espurio Chagall por 7 mil dólares, un Modigliani por 8 mil. Se cuenta que Picasso no firmaba cheques inferiores a cierto importe, porque su sola firma valía más que el cheque. A Elmyr le habría divertido saber que, en la actualidad, una copia suya de un pintor de poca monta valdría más que el cuadro original.~

Publicado hoy, martes 25 de marzo, en el diario Crítica de Buenos Aires:

www.criticadigital.com

1 comentario:

Sin Nick dijo...

Saludos. Muy bueno tu blogg.
Cristian