31 diciembre, 2007

Golf

Durante el verano, mi padre hacía tres o cuatro hoyos de golf antes de desayunar e irse al trabajo, A veces lo acompañaba. El campo se encontraba cerca de casa. Estaba en una elevación cerca del río, y desde la calle de veía Travertine y el agua azul de la bahía. Una mañana vio algo colgado de un árbol, en la periferia del campo. Pensó que se trataba de alguna prenda olvidada por las parejas que iban de noche al bosque. Al acercarse vio que se trataba de un hombre. La cara estaba hinchada y deformada, pero reconocíó a su viejo amigo Harry Dobson. Cortó la soga con la navaja y desde la casa más cercana llamó al doctor Henry, aunque debería haber avisado a la policía. Esa tarde regaló los palos y jamás volvió a jugar al golf.~

John Cheever, Diarios (Emecé editores, Barcelona, 1993)

29 diciembre, 2007

La hora de todos

Los argentinos tendrán que adelantar 60 minutos sus relojes a la hora cero de mañana para adaptarse así al plan de ahorro de energía que puso en marcha la presidenta Cristina Fernández. Cuidado, ¡que la cosa no termine como en Santa Bernardina del Monte!


Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.

Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.

-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?

-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.

Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.

A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.

Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.~

(Cuento de Leo Maslíah, incluído en el libro "La tortuga")

28 diciembre, 2007

Somerset Maugham, lector omnívoro



Por Eduardo Berti


Una mujer cuyo hijo tenía inclinaciones literarias le preguntó a William Somerset Maugham qué consejo le daría él para ayudarlo a convertirse en escritor. Seguro de que la mujer no le haría caso, el autor de Cakes and Ale contestó: "Déle ciento cincuenta libras anuales por el lapso de cinco años y dígale que se vaya al diablo". Años más tarde, Maugham cayó en la cuenta de que el consejo impartido era "mucho mejor de lo que yo había supuesto": con ese dinero "un joven no morirá de hambre pero a la vez, como es poco, no llegará a disfrutar más que de un pequeño confort" (y el confort, decía Maugham, es el "peor enemigo de un escritor"); "con ese dinero viajará por el mundo en condiciones que le permitirán ver aspectos de la vida más coloridos y variados que si viaja como lo hacen los pudientes".

Viajar y leer eran acaso las dos mayores pasiones de Maugham. En Confesiones de un lector, Juan Carlos Onetti lo califica de "lector omnívoro" y le adjudica la siguiente historia: estaba una noche Somerset Maugham en una perdida estación de tren de la India cuando descubrió que sus valijas no habían viajado con él, sino que llegarían horas más tarde, en el tren siguiente. Obligado a esperar, se puso a hurgar los bolsillos, releyó los papeles que llevaba encima y que, en el fondo, conocía de memoria, y finalmente tuvo que conformarse con la guía telefónica del pueblo: nombres y apellidos apenas comprensibles, direcciones y números. Cuando el tren llegó con las valijas en las que estaban los libros que llevaba para el viaje, hacía rato que había agotado la guía. El pueblo, para su desgracia, tenía muy pocos habitantes.~

25 diciembre, 2007

Dos textos de Daniil Kharms



Un sueño


Kalugin se quedó dormido y tuvo un sueño. Estaba sentado entre unos arbustos y un militar pasaba frente a estos. Kalugin se despertó, se rascó la boca, volvió a dormirse y tuvo otro sueño. Pasaba frente a unos arbustos, y entre los arbustos estaba sentado y oculto un militar. Kalugin se despertó, puso un diario bajo su cabeza para no humedecer la almohada con su baba y volvió a dormirse y a soñar. Estaba ahora sentado entre unos arbustos y un militar pasaba frente a estos. Kalugin se despertó y acomodó el diario, se durmió y volvió a soñar. Pasaba frente a unos arbustos, y en los arbustos estaba sentado un militar. A esa altura Kalugin se despertó y decidió no seguir durmiendo, pero en seguida se durmió y tuvo un sueño. Estaba sentado detrás de un militar y pasaban caminando unos arbustos. Kalugin gritó y cambió de posición en la cama, pero ya no pudo despertarse. Entonces durmió cuatro días y cuatro noches sin interrupción, y al quinto día se despertó tan flaco que tuvo que atarse las botas a sus pies para que no se le cayeran. En la panadería donde siempre compraba pan de trigo no lo reconocieron y le dieron pan con mezcla de centeno. La Comisión Sanitaria inspeccionó el edificio, encontró allí a Kalugin, lo declaró insalubre e inservible y ordenó a la cooperativa del edificio que lo arrojara a la basura. Así fue que plegaron a Kalugin en dos y lo arrojaron junto con los desperdicios.~




Cuatro ejemplos de cómo una idea nueva impacta en una persona no preparada para ello.

I

ESCRITOR: ¡Soy un escritor!

LECTOR: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(El escritor permanece unos minutos impactado por esta nueva idea, después cae muerto. Se lo llevan)



II

ARTISTA: ¡Soy un artista!

OBRERO: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(El artista como una hoja empalidece;
acto seguido, fallece
y se lo llevan antes de que den las trece.)


III

COMPOSITOR: ¡Soy un compositor!

VANYA RUBLYOV: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(Respirando pesadamente, el compositor se desmaya. Se lo llevan.)


IV

QUIMICO: ¡Soy un químico!

FISICO: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(Sin pronunciar una sola palabra, el químico cae pesadamente al suelo).


13 de abril de 1933.~



(Traducido del francés por Eduardo Berti)

Daniil Ivanovich Yuvachev (Даниил Иванович Ювачёв), alias Daniil Kharms (o Harms o Jarms o Charms) nació en diciembre de 1905, en Rusia. Fue uno de los fundadores del grupo de vanguardia OBERIU, que también integraba Alexandr Vedensky, y en su obra, en la que abundan los textos hiperbreves, mezcló futurismo con absurdo. Tanto Kharms como Vedensky fueron vistos en su tiempo como “subversivos literarios”. Arrestado en 1941, Kharms fingió locura. Murió un año más tarde en un hospital de una prisión estalinista.~

24 diciembre, 2007

Spoon River

De profesión abogado, el estadounidense Edgar Lee Masters (1869-1950) publicó en 1915 uno de los libros más originales del siglo XX : "Spoon River Anthology" ("La antología de Spoon River"), que contiene unos doscientos cincuenta epitafios imaginarios de una pequeña ciudad provinciana inspirada en el estado de Illinois y también en su Kansas natal. No fue este su único libro, ya que escribió además, entre otros, The New Star Chamber (1904), The Blood of the Prophets (1905), Domesday Book (1920), The New Spoon River (1924), la autobiografía Across Spoon River (1936) y The Sangamon (1942).

El impacto de «Spoon River Anthology » fue, en su momento, mayúsculo aunque restringido a una élite. Se tildó a Lee Masters de heredero de Walt Whitman y Ezra Pound exclamó que finalmente Estados Unidos había «descubierto un poeta". Algunos epitafios del libro :


CASSIUS HUEFFER

En mi lápida grabaron estas palabras:
"Su vida fue apacible, y los elementos se combinaron
tan bien en su alma que la naturaleza, orgullosa, le
grita al mundo: he aquí un hombre."
Mi epitafio tendría que haber dicho:
"Para él, la vida no fue tan apacible
y los elementos se combinar de tal modo
que hicieron de mí carne de una guerra
en la cual fui abatido."
Vivo, tuve que enfrentarme a estas lenguas difamatorias,
ahora que estoy muerto debo someterme
a un epitafio grabado por un tonto.




CHASE HENRY

En mi vida fui el borracho del pueblo;
cuando morí el cura me negó el entierro
en suelo sagrado.
Eso me trajo buena suerte
porque los protestantes compraron este lote
y sepultaron mi cuerpo aquí,
junto a la tumba del banquero Nicholas
y de su esposa Priscilla. Tomen nota, almas discretas y piadosas,
de las contradicciones de esta vida
que rinde tributo a muertos que vivieron en el oprobio.



EL JUEZ SOMERS

¿Cómo ocurrió, díganme,
que yo, el más erudito de los abogados,
que conocía a Blackstone y a Coke
casi de memoria, que pronuncié el más notable discurso
que el tribunal haya oído nunca y que escribí
un alegato merecedor del elogio del juez Breese,
cómo ocurrió, díganme,
que ahora yazgo aquí, olvidado, ignorado,
mientras Chase Henry, el borracho de la ciudad,
tiene un pedestal de mármol, coronado de una urna
donde la Naturaleza, vaya ironía,
ha sembrado pasto y flores?


DÍACONO TAYLOR

Pertenecía a la iglesia
y al partido prohibicionista,
y los lugareños creyeron que había muerto
por comer sandía.
En verdad tenía una cirrosis hepática,
porque cada mediodía durante treinta años
me escondía tras la mampara
de la botica de Trainor
y me servía un generoso trago
de la botella rotulada "Spiritus frumentis".~

23 diciembre, 2007

El incorruptible


Cierto mandarín lleno de codicia deseaba hacerse una fama de funcionario incorruptible. Cuando lo nombraron en su primer cargo, juró no dejarse sobornar.

- Si mi mano izquierda llegara a aceptar dinero, que caiga convertida en polvo. Y si mi mano derecha lo hiciese, ¡que también caiga convertida en polvo! – exclamó.

Un buen día, tiempo después, alguien le hizo llegar cien onzas de oro con el fin de asegurarse su apoyo en un asunto. Por miedo a la maldición que pesaba sobre él, a causa de su juramento, dudó en aceptar ese dinero que, sin embargo, codiciaba vivamente. Sus subalternos le dijeron:

- Si Su Señoría hace colocar los lingotes de oro dentro de su manga, sólo la manga caerá hecha polvo.

El magistrado consideró que el consejo era acertado y aceptó el oro.


Fábula incluida en «Relatos de Xue Tao» (Xue Tao Xiao Shu) , libro escrito por el chino Jiang Yingke (siglo XV).

22 diciembre, 2007

Cinco libros: María Fasce


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de María Fasce:



Carol, de Patricia Highsmith.
Una historia de amor entre dos mujeres contada como un policial. Highsmith crea personajes tan intensos y reales que mientras leemos sus libros estamos seguros de encontrárnoslos al dar vuelta la esquina. Ella también podría decir, junto con Camus, que “en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Y sin embargo, lo que muestran sus personajes, en éste y en todos sus libros, es que los hombres siempre pueden caer más bajo, y sin embargo, tienen la gloria al alcance de la mano. La obra de Patricia Highsmith es una exploración de la pasión y el miedo en todas sus formas.


El sabotaje amoroso, de Amélie Nothomb.
Finalmente, una nueva voz ha venido a salvar a la literatura francesa actual del tedio o la provocación hueca. Nothomb es profundamente corrosiva, original y conmovedora. Acaba con todos los mitos y hace de su propia vida un material de ficción fascinante. ¿Quién dijo que la infancia es una época feliz? Aquí está este libro inolvidable para contar las tragedias del amor y la soledad en la niñez, en la China y en cualquier parte.


Kafka en la orilla, de Haruki Murakami
Murakami se ha superado a sí mismo en esta novela. Todas sus novelas son interesantes, incluso las fallidas (Sputnik mi amor), pero en ésta ha corrido todos los riesgos. ¿O hay algo más difícil que usar como material de ficción los sueños y los pensamientos de un adolescente? Surrealista, romántica y filosófica, Kafka se lee sin respiro. Más que leerse se vive, como un sueño.




Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Es inútil enojarse, como la propia Emily Dickinson, con las historias, los ambientes y los personajes de Jane Austen. Sus diálogos y situaciones son propias de Corín Tellado, y sin embargo, no podemos dejar de leerla. Porque estamos rodeados de sus Mrs. Bennet, Miss Bingley y Mr. Collins, y nos gustaría a todos encontrar un Mr. Darcy o una Elizabeth Bennet de quien enamorarnos. A todos nos gustaría que la vida fuera tan plácida como en sus páginas: una sucesión de romances y visitas. El comienzo es tan artificial y seductor como todo el libro (cito de memoria): “Es una verdad universal que todo hombre soltero en posesión de cierta fortuna está en busca de esposa”.



Cuentos completos, de Somerset Maugham
Pocos escritores han sabido retratar los celos y el amor como Maugham. La emoción está allí como una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento. La India es a Kipling lo que Indonesia a Maugham, pero Maugham ha sumado el humor. Cada cuento es un pequeño prodigio en sí mismo y todos tienen un estilo y una estructura distinta, como si Maugham hubiera explorado el género “cuento” con la misma sagacidad y atención con que estudió a los indonesios. Además, aquí y allá, están esas máximas y aforismos sembrados como al descuido en medio del relato, y esas repentinas vueltas de tuerca que nos hacen volver a leer cada cuento una y otra vez, en el papel o en la cabeza.


María Fasce es autora de los libros de relatos La felicidad de las mujeres y A nadie le gusta la soledad, y de la novela La verdad según Virginia. Su nueva novela, La naturaleza del amor, será publicada por Emecé en marzo.~

20 diciembre, 2007

Llave


Fue triste cuando mi padre, sin que ya se le pidiera, me dio la llave de la casa. Yo era casi un adulto y él me la dio como quien pide permiso para envejecer.~


Raúl Brasca, Todo tiempo futuro fue peor, Thule Ediciones, 2004.


19 diciembre, 2007

Zhuang Zi


Famoso por el aún más famoso sueño de la mariposa («Ya no sabía si era una mariposa que soñaba ser Cuang Tzu o Chuang Tzu que soñaba ser una mariposa »), Chuang Tzu o Zhuangzi o Chuang Tsé vivió entre los años 369 y 290 antes de Cristo y fue uno de los grandes filósofos de la antigua China.

Se le atribuye el «Zhuang Zi», uno de los libros fundamentales del pensamiento taoísta, aunque sólo hay certeza de que los primeros siete capítulos hayan sido escritos por él.

El libro se divide en tres partes. Estos son algunos fragmentos de los capítulos interiores o iniciales del «Zhuang Zi»:


1.

La palabra no está hecha sólo de aire, la palabra tiene un decir. Pero lo que dice no es nunca fijo.



2.

¿Sabes tú lo que hace el criador de tigres? No les da de comer animales vivos para no animar su instinto asesino. No les da de comer animales enteros para no despertar sus ansias de descuartizar.



3.

Penumbra preguntó a Sombra: «Hace un momento estabas caminando, ahora estás quieta. Hace un momento estabas sentada, ahora estás de pie. ¿Por qué no te decides?».

Sombra respondió: «Para ser ¿no dependo yo de algo? Y eso de lo que yo dependo ¿no depende a su vez de algo más? ¿No soy yo como la serpiente que depende de sus escamas o la cigarra que depende de sus alas?”


Tomado de “Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi” Edición de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer. Editorial Trotta,S.A., 1998.~

18 diciembre, 2007

Dos poemas de Sandro Penna


Oh nella note il cane
che arabbia di lontano.
Di giorni è solo il cane
ce ti lecca la mano.


Oh el perro que ladra
en la noche lejano.
De día sólo es el perro
que te lame la mano.


-------------------

Oh non ti dare arie

di superiorità
Solo uno sguardo io vidi

degno di questa. Era
un bambino annoiato in una festa.



Oh no te des aires
de superioridad
Sólo vi yo una mirada
digna de ésta. Era
un niño aburrido en una fiesta.


(traducción de Eduardo Berti)


Sandro Penna (1906-1977), poeta solitario, admirado por Pasolini y Saba. Nació en Perugia y desde los 23 años vivió mayormente en Roma. Algunos de sus libros: Un po' di febbre, Croce e delizia y Stranezze.~

17 diciembre, 2007

Sobibor


Por Eduardo Berti

Claude Lanzmann realizó su film Sobibor 14 de octubre 1943, 16 horas a partir de una entrevista que le concediera Yehuda Lerner en 1979, durante el rodaje de Shoah, su famosa película de 1985 acerca de la barbarie nazi. Sobibor se ocupa de narrar la única revuelta exitosa que hubo en un campo de exterminio: en ella, una veintena de prisioneros judíos mataron a hachazos a 16 oficiales alemanes, cortaron la luz y la electricidad y consiguieron darse a la fuga.

"La revuelta", ha dicho Lanzamann, "no podía limitarse a ser un momento de Shoah, sino que merecía un film entero. Por otra parte, mientras que Shoah fue una obra de espíritu colectivo en la que todos hablaban en primera persona del plural, el caso de Lerner y de Sobibor está inevitablemente narrado en primera persona del singular".

Sobibor abre con un largo prólogo en el que se oye, en off, la voz cascada y grave del realizador. El episodio en el que intervino Lerner, sostiene allí Lanzmann, "constituye un ejemplo paradigmático de lo la reapropiación de la fuerza y de la violencia por los judíos". También es una forma de desmentir el "mito de la pasividad judía", agrega. "Los judíos no se dejaron matar dócilmente, a pesar de lo que algunos han querido sugerir. Durante la época del nazismo hubo, sin cesar, montones de actos de valentía y de libertad, consignados incluso por los propios alemanes".

Lanzmann conoció a Yehuda Lerner, uno de los actores de la revuelta, por intermedio de Ada Lichtman, una mujer que entrevistara en los tramos finales del rodaje de Shoah. Lerner, que vivía en las afueras de Jerusalem, recibió al equipo de filmación con desgana. "Si yo no tenía muchas ganas de entrevistarlo, él tenía menos ganas de hablar", recuerda Lanzmann. "Para colmo, la traductora era muy religiosa y protestaba por tener que trabajar durante el Shabat". Así y todo, el reportaje que salió fue "muy fuerte", como admite el propio director.

El tema de Sobibor no es sólo la revuelta, como ha afirmado Lanzmann, "sino también Lerner, un hombre con un deseo loco de libertad", a tal punto que antes de ser enviado a Sobibor, en Polonia, llegó a fugarse, en el lapso de seis meses, ocho veces de ocho diferentes campos de concentración en Rusia.

-- ¿Tan fácil era escaparse? --pregunta Lanzmann, no sin asombro, a comienzos del film.

-- Para un hombre que quiere vivir, nada es difícil --le responde Lerner. -- En cuanto ví que en esos campos y en esas condiciones no era vida lo que me esperaba, me dije: no tengo nada que perder.

Fue después de su octava fuga que Yehuda Lerner fue a parar al campo de Sobibor. Su traslado fue en tren. Al llegar a la estación de Chelm, un polaco que allí trabajaba le murmuró: "Escápense, los llevan a un campo para matarlos y quemarlos". Lerner repitió a sus compañeros de viaje lo que había dicho el polaco, pero nadie quiso creerle. "Nos podríamos haber evadido ahí mismo porque, para nuestras necesidades, habíamos hecho un gran agujero en el suelo del vagón. Pero no nos escapamos porque eso de que nos iban a matar y quemar nos pareció imposible. Nunca habíamos oído hablar de algo así"

Ya en Sobibor, un alto militar alemán hizo formar a los recién llegados y solicitó sesenta hombres fuertes. "Dondequiera que haya trabajo físico duro tiene que haber buena comida", razonó Lerner, que en consecuencia pasó a integrar el grupo de artesanos judíos (zapateros, sastres, peluqueros, carpinteros, etc) puestos a trabajar a la fuerza para los alemanes. Lo mismo que sus compañeros, no tardó en comprender que el polaco de la estación había dicho la verdad. "Nadie salía vivo de Sobibor", dice Lerner en el film. "Pasamos toda una noche sin dormir, conversando, viendo qué se podía hacer".

El verdadero instigador e ideólogo de la revuelta fue, en rigor, un oficial judiosoviético, hoy muerto, llamado Alexander Petcherski. "Era de profesión soldado", cuenta Lanzmann. "Por lo tanto, el uso de las armas no era algo extraño para él". Petcherski sabía que dos motines precedentes habían fracasado en Sobibor, pero tenía un plan diferente para el tercero: se trataba de persuadir a los alemanes de que una nueva barraca debía ser construida para los carpinteros, de modo de tener más hachas a su disposición.

Los alemanes aceptaron el pedido y el operativo se puso en marcha. Petcherski y compañía escogieron el 14 de octubre porque esa fecha muchos oficiales iban a estar fuera del campo y sólo habría dieciséis. El día de la revuelta, como estaba convenido, todos los oficiales fueron convocados por algún artesano, bajo variados pretextos, en dos tandas: la primera a las cuatro de la tarde y la segunda a las cuatro y cinco minutos. Los prisioneros sabían de la obsesión de los alemanes por la puntualidad.

"Todo el plan, de hecho, se basó en esta extraordinaria puntualidad. Si algún oficial hubiese llegado antes o después, habríamos fracasado", cuenta Lerner, que llevaba apenas seis semanas en Sobibor cuando, con una hacha que llevaba escondida, cumplió su parte en el plan matando a dos altos oficiales nazis.

"Haber matado a un alemán que acababa de realizar cosas monstruosas, como exterminar a centenares de miles de personas, por supuesto que provoca una cierta alegría", admite Lerner ante Lanzmann. "Maté otras veces, después, como soldado, como combatiente. Pero aquello fue diferente porque no éramos dos bandos de hombres armados, no éramos ni siquiera humanos... ni sub-humanos". ~

16 diciembre, 2007

Cinco libros: Leopoldo Brizuela


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.



El voto de Leopoldo Brizuela:




El bosque de la noche, de Djuna Barnes. Nadie sabe más de la pasión, de la
soledad de la pasión, del dolor de la soledad de la pasión. Cada personaje es una gema extraña, facetada con una técnica única. Cada frase una filigrana irónica y sangrante y atroz.



El libro de los seres imaginarios
, de Jorge Luis Borges. Cuando ya había escrito lo más importante de su obra, Borges, que acaso nunca escribió de una manera más prieta, más límpida, más precisa, Borges se aplicó a escribir este catálogo único y aparentemente inútil. Con profundo sentido de justicia, equiparando el genio de Kafka con el genio de los diversos "folklores" (Genio es la capacidad de crear mitos, según Steiner), hace, contagiando su pasión, un homenaje a la imaginación, lo que mejor nos refleja.


Poesías completas
, Sophia de Melo Breyner. Claramente enclavada en su tradición, la de Camoes, la de Pessoa, que artistas menores que ella parecieron agotar con clisés y estereotipos, Sophia de Melo funda una poesía donde cada palabra, como ella misma lo desea en un poema, parece insólitamente nueva, como si estuviera, en ese momento, creando el mar, la luz del mar, "la playa primera de la vida".


Grandes esperanzas, de Charles Dickens. "Uno siente que Chejov nos quería", dice Vlady Kociancich. Pero la felicidad, la felicidad de Dickens, que bien puede convivir con el dolor y con la valentía de mirar las propias miserias, es una de las felicidades que conocí en mi propia vida. Su abrumadora alegría de estar escribiendo una novela, de ir comprendiendo al escribir, de sentir que el hecho de dar -felicidad, literatura- justifica su propia vida. Grandes esperanzas, es además, la más moderna y argentina de sus novelas.


El pasado
, de Alan Pauls. Con este libro espléndido, algo hizo pie por fin en el gran naufragio, en la tormenta argentina. Ningún novelista escribe solo. Aun cuando seamos tan distintos de su autor como pueda imaginarse, y aunque queramos escribir novelas muy distintas, ya no nos sentimos extranjeros. Ahora, aquí, todos tenemos un pasado.~


Leopoldo Brizuela (argentino) es autor, entre otros libros, de Tejiendo agua, Premio Fortabat de Novela, Inglaterra: Una fábula, Premio Clarín, El placer de la cautiva y Los que llegamos más lejos.

14 diciembre, 2007

Las pruebas


Un 4 de enero de los años 40, en una de las fiestas anuales con que el diario La Nación solía festejar, en tiempos anteriores a la “crisis” argentina, el aniversario de la aparición de su primer número, Alberto Gerchunonff, venerable autor de Los gauchos judíos, recibía las felicitaciones de una señora distinguida a quien uno de sus artículos recientes había encantado. Terminadas las efusiones, la señora bajó la voz para abordar, con pudor, otro tema. “Dígame, Gerchunoff, he oído decir que usted es judío… ¿Es cierto?”. Inmutable, siempre cortés, el escritor asintió: “Señora, puedo poner las pruebas en su mano”.~


Edgardo Cozarinsky, "Museo del chisme" (Emecé, 2005)

11 diciembre, 2007

Gide y el Nobel



Por Eduardo Berti

Se cuenta que André Gide, la misma noche de 1947 en que ganó el Premio Nobel, fue al cine a ver una película de Fernandel, suerte de Totó o Cantinflas francés. Hasta Cortázar ha recogido el dato en su relato "Los pasos en las huellas" (Octaedro), seguramente fascinado por cómo se tocan en un gesto por el estilo las llamadas "alta" y "baja" cultura.

No todas las biografías de Gide dan por cierto el episodio. Pierre Lepape y J.J. Thierry, por ejemplo, sólo dicen que el autor de Los monederos falsos declinó la invitación a Suecia por "genuinas" razones de salud. Jean Claude revela que por esa fecha Gide no estaba en París sino en Neuchâtel, en casa de Richard Heyd; y una carta de Gide, dirigida a Robert Levesque y fechada el mismo 13 de noviembre en que le asignaron el premio, proviene de Neuchâtel. Difícil que allí hubiera un cine cerca. Difícil que fuera al cine al final del día, dada su salud y más cuando en su diario íntimo la "Petite Dame" (Maria Van Rysselberghe) cuenta de alguien que habló esa misma noche con Gide por teléfono.

Los copiosos diarios del escritor no ayudan a aclarar el dilema. El único año sabático es precisamente 1947, y en todo el resto del diario Gide hace apenas tres menciones al Nobel. Lamenta que sus libros sigan siendo "inhallables" a pesar del premio. Le preocupa que se diga: "Gide se volvió distante". Y cuenta de un periodista que le preguntó si no se arrepentía de haber escrito tal o cual libro. "Le respondí que no sólo no desaprobaba ninguna de mis obras, sino que habría sin dudas rechazado el premio si hubiese hecho falta renegar de alguna".

Lepape entrega, sin embargo, la versión de un Gide mortificado por el premio. Cada galardón, cuenta, el prestigioso escritor no pensaba sino en Corydon, ese "libro fallido" que su remordimiento colocaba en un sitio privilegiado. "Era el libro en el que se había arriesgado con mayor imprudencia y coraje", cree Lepape. "A tal punto que, por una vez, le habían faltado la distancia y la ironía que hacen posible la obra de arte".~

08 diciembre, 2007

Rusos


En 1930 el escritor inglés Ivor Montagu acompañó a S.M. Eisenstein, G. Alexandrov y A. Tisse en su peripecia por Estados Unidos, que acumularía frustraciones y terminaría con el controvertido episodio de Qué viva México. En ese momento no sólo no había relaciones dilplomáticas entre Estados Unidos y Unión Soviética, sino que existía una marcada ignorancia recíproca sobre las costumbres de ambos países. Según Montagu, el caso fue marcado por una reunión en la que un periodista preguntó :

-Y dígame, señor Eisenstein, ¿la gente se ríe en la Unión Soviética ?

-No, pero se van a reír cuando yo les cuente esta reunión.~


De «Una enciclopedia de datos inútiles», de Homero Alsina Thevenet.

(Ediciones de la Flor, Buenos Aires, Argentina, primera edición de 1987)

07 diciembre, 2007

Generaciones

"Si yo pienso lo mismo que mi bisabuelo, soy de la misma generación que él".~


Juan Ramón Jiménez
tomado de "El modernismo. Notas de un curso" (ed. Aguilar, Madrid, 1962)

05 diciembre, 2007

Gangotena y Michaux

Alfredo Gangotena, nacido en Ecuador, forma parte de ese lote de latinoamericanos (César Moro, Huidobro, Carrera Andrade) que vivieron en París y escribieron en francés durante los años veinte. Hay una imagen recurrente en sus poemas, traducidos por Filoteo Samaniego al castellano: "El amoroso y cálido recinto de las cortinas", "los sombríos pliegues de mis cortinas", "se ciñen las llamas de las cortinas a las cañas de mis arterias". Según algunos, la explicación es simple: Gangotena era hemofílico. Algunos lo ponen en duda; pero otro poeta de salud endeble, Henri Michaux, fue su amigo y escribió: "Esa enfermedad atroz lo ponía a la merced de un diente arrancado, de una simple infección. Lo llevaba a un miedo continuo, prácticamente fuera del mundo". (Años más tarde, Cioran admitiría que poco y nada le era "más agradable" que conversar con Michaux a propósito de enfermedades).

La editorial española Visor publicó hace un par de años una muy buena antología de la poesía de Gangotena, a cargo de Adriana Castillo. El poeta español Luis Antonio De Villena le consagró un extenso artículo en el diario El País. Dice, entre otras cosas: "Como imaginista —o creacionista— empieza la poesía de Gangotena, imagen sobre o contra imagen. Pero muy pronto (en sus libros) se tornan vecinas al surrealismo, en un auténtico chorro de fulgores y onirismos, brillantes sin duda y nada frívolos (todo en Gangotena posee un claro fondo de tragedia, de búsqueda espiritual, de allendidad más o menos frustrada), pero que contemplados desde hoy (en 1928 eran modernidad evidentemente) resultan excesivamente retóricos, pues hoy sabemos —basta leer a Breton— que el surrealismo vuelto escuela lexicalizó su retórica de imágenes irracionalistas ".

Aunque afirmaba que Francia era su "patria espiritual", Gangotena invitó a Michaux a su tierra natal. De la experiencia nació Ecuador (1929), de Michaux, curioso diario que se puede comparar en cierto aspecto con las Memorias de Africa de Raymond Roussel, ya que ambos libros constituyen una sátira a la literatura itinerante que por ese tiempo practicaban Paul Morand o Blaise Cendrars. Utilizando las técnicas de los escritores viajeros, Michaux se propone "destruir el mito de la aventura y su peligro más evidente: el exotismo", según el crítico Claude Couffon. Ecuador afirma que a veces se puede ir hasta el otro extremo del mundo y no aprender, por ello, nada revelador. No debe asombrarnos, en consecuencia, que el mismo autor escribiese una obra llamada "Lejano interior".~

04 diciembre, 2007

Pequeños cantos

XV

niña que en vientos grises
vientos verdes aguardó


XIX

triste músico
entona un aire nuevo
para hacer algo nuevo
para ver algo nuevo



Alejandra Pizarnik, « Los pequeños cantos »

02 diciembre, 2007

Escribir según Samuel Butler

Desde el momento en que una cosa ha sido escrita, o puede escribirse y razonarse acerca de ella, ha cambiado de naturaleza para volverse tangible.


La palabras son pensamientos organizados, así como las formas vivas son acciones organizadas.


Hubo un tiempo en que el lenguaje era una proeza tan rara como la escritura en los tiempos en que ésta se inventó. Probablemente hablar estaba en un principio reservado a unos pocos sabios, tal como escribir en la Edad Media, y se fue generalizando de modo gradual.


Queremos que las palabras hagan más de lo que pueden hacer.


La palabras son como el dinero; no hay nada más inútil, salvo cuando le damos uso.


Un joven autor suele estar tentado a dejar todo lo que ha escrito, por miedo a no haber dicho lo suficiente en caso de ponerse a cortar. Pero es más fácil ser extenso que ser breve.


El mayor secreto de las buenas obras musicales, literarias o pictóricas reside en que no ambicionan demasiado; si se nos pregunta “¿qué es demasiado?”, la respuesta es: “todo lo que nos parece arduo o poco placentero”. Si apreciar o entender una obra se vuelve una labor y no un placer, la dificultad es excesiva.


No hay que andar a la caza de los temas. Hay que dejar que estos nos elijan a nosotros.


Mis libros, yo no los hago. Crecen. Vienen y me piden con insistencia que los escriba.


El estilo, en cualquier disciplina artística, debería ser como la ropa y llamar la atención lo menos posible.~


Samuel Butler (1835-1902). Extractos de The Note-Books of Samuel Butler. Selección y traducción de Eduardo Berti.