30 noviembre, 2007

Una teoría del amor


Andrés divagaba, lo que era un gran placer, en la tienda de Lulú. Ella le oía sonriente, haciendo de cuando en cuando alguna objeción. Le llamaba siempre, en burla, don Andrés.

-Tengo una pequeña teoría acerca del amor –le dijo un día él.

-Acerca del amor debería usted tener una teoría grande -repuso burlonamente Lulú.

-Pues no la tengo. He encontrado que en el amor, como en la medicina de hace ochenta años, hay dos procedimientos: la alopatía y la homeopatía.

-Explíquese usted claro, don Andrés –replicó ella con severidad.

-Me explicaré. La alopatía amorosa está basada en la neutralización. Los contrarios se curan con los contrarios. Por este principio, el hombre pequeño busca mujer grande; el rubio, mujer morena, y el morocho, rubia. Este procedimiento es el procedimiento de los tímidos, que desconfían de sí mismos… El otro procedimiento…

-Vamos a ver el otro procedimiento.

-El otro procedimiento es el homeopático. Los semejantes se curan con los semejantes. Este es el sistema de los satisfechos de su físico. El moreno con la morena, el rubio con la rubia. De manera que, si mi teoría es cierta, servirá para conocer a la gente.

-¿Sí?

-Sí. Si ve un hombre gordo, moreno y chato, al lado de una mujer gorda, morena y chata, pues es un hombre petulante y seguro de sí mismo; pero si el hombre gordo, moreno y chato tiene una mujer flaca, rubia y nariguda, es que no tiene confianza en su tipo ni en la forma de su nariz.~


Pío Baroja, "El árbol de la ciencia" (1911).

28 noviembre, 2007

Je me souviens


“Recuerdo...” o “Me acuerdo...” (Je me souviens) es uno de los libros más singulares de Georges Perec, autor de libros bastante singulares por lo general. Publicado en 1978, recoge una larga serie de imágenes/recuerdos que Perec (gran amante de las listas y las clasificaciones) anotó entre enero de 1973 y junio de 1977. Son 480 en total, para ser exactos.

En su prólogo al libro, Perec define este conjunto de miniaturas nostálgicas (casi «epifanías», por tomar la expresión de Joyce) del siguiente modo: «pequeños fragmentos de cotidianeidad, de cosas que, en tal o cual año, toda la gente de cierta edad vivió y compartió, y que luego desaparecieron o fueron olvidadas porque no merecían formar parte de la Historia ni figurar en las memorias de los estadistas, de los alpinistas, de los monstruos sagrados». Algunos ejemplos:


2

Recuerdo que mi tío tenía un 11CV con la matrícula 7070 RL2.



54

Recuerdo que Voltaire es el anagrama de Arouet L(e) J(eune) si uno escribe V en lugar de U e I en lugar de J.



87

Recuerdo que Caravan, de Duke Ellington, era una rareza discográfica y que, por años, supe de su existencia sin haberlo escuchado.



101

Recuerdo a los mosqueteros del tenis.



148

Recuerdo que Fidel Castro era abogado.



152

Recuerdo que Warren Beatty es el hermanito menor de Shirley McLaine.




177

Recuerdo a Yuri Gagarin.



187

Recuerdo que el trompetista Clifford Brown murió a los veinte años de edad en un accidente automovilístico.


268

Recuerdo que, durante su juicio, Eichmann estuvo encerrado en una jaula de vidrio.



369

Recuerdo a Caryl Chessman.



375

Recuerdo el secuestro de Fangio (¿por unos castristas?)



451

Recuerdo a Robert Mitchum cuando dice "Children..." en el film de Charles Laughton, La noche del cazador.~

(Traducción de Eduardo Berti)

25 noviembre, 2007

Cinco libros: José Angel Mañas

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de José Angel Mañas:



Cinco libros para leer y releer:

El guardian en el centeno, de Salinger.

Guerra y Paz, de Tolstoi.

Los cuentos completos de Aldecoa.

La ciudad mecánica, artículos recopilados de Julio Camba.

Las Máximas, de La Rochefoucauld.



José Ángel Mañas (español) publicó, entre varias novelas, Historias del Kronen (finalista del Premio Nadal 1994), Mensaka, Soy un escritor frustrado, Ciudad Rayada, Mundo Burbuja y Caso Karen. ~

Link a su sitio :

http://joseangelmanas.com/

23 noviembre, 2007

De astros y galaxias


Comentario publicado en La Gaceta de Tucumán sobre la antología Galaxia Borges, compilación de Edgardo Cozarinsky y Eduardo Berti.


Por Cristina Bulacio




“Cada escritor crea a sus precursores”, es la interesante idea borgeana que preside la selección de esta antología. A partir de ella se estructura la propuesta de sus autores que reúne 16 escritores vinculados a Borges, de un modo u otro. Como una galaxia -inmenso conjunto de astros, estrellas, nebulosas- estos autores forman parte de un universo literario cuyo centro es, indiscutiblemente, Borges. Entre ellos, algunos lo precedieron, otros convivieron y hasta trabajaron con él. Siempre hay algo de la sombra del Maestro en sus escritos.

Si bien sorprende al lector el criterio inicial, a medida que se leen los cuentos cobra fuerza y encanto el concepto que organiza esta antología. Galaxia Borges rescata a escritores que fueron opacados por la luminosidad del astro rey y los hace visibles a la literatura. Lo componen algunos nombres bastante conocidos y otros menos; sin embargo, el seleccionarlos para este texto los revela, misteriosamente, como precursores o seguidores, y descubren los lazos que los unen entre sí y con Borges.

“La gran dificultad -dice una de las integrantes de la galaxia-, era salvarnos de su magia para inventar algo distinto”. Quizás el asunto no fuese tanto escapar de los encantos del Maestro, como poder superar su imaginación, la maestría de las tramas de los cuentos y la asombrosa precisión de su lenguaje poético.

Aun así, se percibe una influencia mutua ya que algunos de los relatos incluidos son de los años 40, en plena producción borgeana, pero también en la plenitud de los otros escritores. No es extraño, entonces, encontrarnos con ciertos rasgos, giros, marcas, incluso un guiño, que si bien ahora son reconocidos como borgeanos, por esa influencia sobre los precursores, es posible que fuera a la inversa.

Los cuentos están precedidos por una breve noticia del autor, algunos datos de estilo, fecha y lugar de publicación. Esto permite ubicar con precisión cada relato. Destaco algunos como Soy polvo, de Dabove, excelente narración llena de imaginación y tal vez de ternura, que podría haber sobrevivido sin Borges. Los grifos, de Silvina Ocampo, breve relato de ficción cargado de misterio en el cual trabaja con maestría sobre lo cotidiano. En memoria de Paulina, de Bioy Casares, una ficción de amor y suspenso. Un brevísimo y encantador relato de Luisa Mercedes Levinson; un cuento onírico de Murena; una historia de amor y locura de A. Pippig, etc.

En resumen, debo decir que la selección del material revela un criterio inteligente, amplio, e incluye a autores más allá de modas literarias del momento, lo que da como resultado un texto exquisito en el que se reunieron los astros de la galaxia Borges.~

22 noviembre, 2007

La doble trampa


¿Qué deja Europa para los escritores latinoamericanos? Además de su valiosa tradición literaria, Europa nos deja el subdesarrollo (producto del incesante saqueo) y un inmenso complejo de inferioridad (producto de la vision exótica de nuestra realidad). Nosotros somos los indígenas, ellos los dueños de las riquezas, esto es, del poder y de una tradición cultural ininterrumpida.

De manera que Europa, y luego los Estados Unidos, nos han creado un inmenso complejo de inferioridad.

Aceptar ese complejo de inferioridad es caer en una doble trampa. Primera trampa: si somos considerados inferiores a los europeos, sólo podríamos liberarnos de esa inferioridad superando sus cánones culturales, siendo aún más europeos que un europeo. Segunda trampa: de no aceptar, o por lo menos no imitar la tradición europea, debemos entonces resignarnos a ser y engrandecer la visión exótica, folclórica y estereotipada que de nosotros se tiene o se ha tenido durante siglos.

Aceptadas estas premisas, al escritor latinoamericano sólo parecen quedarle dos actitudes. Una, la del culteranismo exacerbado, la de la retórica deslumbrante, la de la palabra rebuscada, la del exhibicionismo descomunal. Hay que demostrarles, y muy seriamente, a esos señores europeos, que si ellos son cultos, nosotros somos supercultos, que si ellos son barrocos, nosotros somos superbarrocos (...). La otra vertiente de la maldición europea es la del conformismo. Es decir, aceptar que la visión perjudiciada y exótica creada por Europa, y luego amparada por los Estados Unidos, en relación a la literatura latinoamericana, es la acertada. Somos criaturas mágicas y primitivas, aunque ya no andamos con el
taparrabos, salvo en momentos muy especiales; aún a veces nos sale un hijo con la cola de cerdo.~

Reinaldo Arenas, Meditaciones de Saint-Nazaire, 1990.

20 noviembre, 2007

Tres hermanas


Por Eduardo Berti

El caso literario de las Brontë no registra ningún equivalente: en menos de dos años, entre 1847 y 1848, las tres hermanas escritoras publicaron tres de los libros más influyentes en la historia de la literatura inglesa: Jane Eyre, de Charlotte; Wuthering Heights de Emily, y The Tenant of Wildfell Hall de Anne.

Los Brontë conformaban un estrecho núcleo familiar. El padre de las hermanas, el irlandés Patrick Brontë, se había casado con Maria Branwell en diciembre de 1812. Aunque era quince años menor que su esposo, Maria Branwell murió muy joven en 1821, luego de haber dado a luz seis hijos: Maria, Elizabeth, Charlotte, Patrick Branwell, Emily Jane y Anne. Una hermana soltera de Maria, Elizabeth Branwell, se ocupó de la crianza de los seis niños, que pasaron a ser cuatro después de que en 1825 fallecieran las dos hijas mayores.

A los nueve años, Charlotte ya escribía historias maravillosas sobre el reino imaginario de Angria. A los quince ingresó como pupila en una escuela local y, de inmediato, se convirtió en la tutora de sus hermanas menores. A los veinte trabajó por un tiempo como maestra (con ese sueldo financió los estudios de arte de su hermano varón) en un pueblo llamado Roe Head, pero enseguida regresó a su hogar. A los veinticinco viajó junto con Emily a Bélgica, con el propósito de perfeccionar en el Pensionnat Heger de Bruselas su francés y su alemán. Se enamoró del director del Pensionnat, Constantin Heger; la mujer del director pronto advirtió que la devoción de la alumna era algo desmedida y Brontë fue invitada a regresar a Gran Bretaña.

Del episodio en Bruselas nació la primera novela de Charlotte, The Professor, rechazada originalmente por todas las editoriales donde fue presentada. La serie de negativas no desalentó a Charlotte. Tampoco la empujó a modificar de forma radical el contenido de sus libros: si algo fundamental se repite en todas las novelas de la mayor de las Brontë es "la relación alumna-maestro", escribió Walter Allen en The English Novel. En este hecho Allen cree ver la sublimación de "uno de los sueños sexuales más comunes de las mujeres: el deseo de ser dominada" (mastered es el juego de palabras en el original).

Lo primero que editaron las Brontë fue un libro de poemas, en 1846. Se cuenta que un día Charlotte descubrió por accidente que sus dos hermanas escribían poesía, lo mismo que ella, y les propuso reunir sus versos en un solo volumen. Para este libro utilizaron los mismos seudónimos con los que más adelante darían a conocer sus célebres novelas: Charlotte como Currer Bell; Emily como Ellis Bell; Anne como Acton Bell. A pesar de algunas buenas críticas, solamente vendieron dos ejemplares.

Al año siguiente aparecieron, una tras otra, las primeras novelas: Cumbres borrascosas (de Ellis Bell) y Agnes Grey (de Acton Bell) fueron impresas por un editor de Londres llamado Thomas Cautley Newby; Jane Eyre (de Currer Bell) fue lanzada en octubre de 1847 por Smith, Elder & Co, una de las editoriales que había rechazado en su oportunidad The Professor.

"Para los lectores contemporáneos, lo más sorpresivo de Jane Eyre acaso fuera que su heroína es profundamente anti-romántica", observó la novelista Joyce Carol Oates. Para Walter Allen, Jane Eyre es "la primera novela romántica en inglés". Las dos afirmaciones parecen irreconciliables pero no se excluyen; de hecho, la tensión entre lo romántico y lo anti-romántico domina también varios pasajes de la siguiente novela de Charlotte: Shirley, publicada en 1848.

"Me juzgas con el corazón (...), deberías juzgarme con la cabeza", le dice allí un personaje a otro; y esta misma oposición (cabeza/corazón) reaparece en numerosas páginas del libro. "Se supone que las mujeres deben ser generalmente muy tranquilas --se lee en un pasaje de Jane Eyre--, pero las mujeres sienten igual que los hombres". "Ay, si fuera un hombre", suspira más de una vez Caroline, la rebelde heroína de Shirley, cuya personalidad (basada en Emily Brontë, según algunos estudiosos) resulta mucho más interesante que el excepcional telón de fondo social que registra la novela, acaso la primera en dar cuenta de la rebelión ludita en la zona de Yorkshire.

A diferencia de los personajes femeninos de Jane Austen, los de Charlotte Brontë --observa Allen-- cuestionan el mundo dominado por los hombres, sobre todo el lugar que los hombres le han reservado a las mujeres en ese mismo mundo. Tal vez por esto la figura de Charlotte ha gozado en los últimos treinta años de una suerte de renacimiento. Puede que el libro más famoso de las hermanas Brontë sea Cumbres borrascosas, pero a la luz de estos días es lógico que el de Emily parezca un proyecto literario bastante menos atractivo para la crítica feminista que el de Charlotte.

Raymond Williams obervó cierta vez que las novelas de las Brontë son contemporáneas a "ese preciso período, a mediados del siglo XIX, en el que los hombres aprendieron a no llorar (...) a través de un proceso de modificación de sentimientos". También observó que mientras Cumbres borrrascosas perdura en la memoria del lector como "una bocanada de aire fresco", la impresión que dejan las novelas de Charlotte es la contraria. "Pero el poder reside ahí: en Charlotte Brontë", indica Williams. "El poder original está en su forma inmediata, personal y creadora". La diferencia con Emily es que sus obras no están escritas para leer en voz alta, sino pensadas "para la lectura solitaria, en algún rincón sosegado". Lo que más distingue a Cumbres borrascosas de Jane Eyre es que la segunda es una novela unipersonal, capaz de "establecer una relación íntima con el lector", mientras que la primera es una novela multipersonal.

Lo concreto es que la proverbial disputa acerca de cuál de las hermanas Brontë fue más genial parece siempre excluir a la menor, Anne. "Fue la menos talentosa de las tres (...) Es posible que nadie la recordara hoy, de no haber sido la hermana de Charlotte y Emily", consigna de forma lapidaria el Benet's Reader's Encyclopedia.~

18 noviembre, 2007

Cinco libros : Pedro Mairal

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Pedro Mairal:


Recomiendo:

El tomo de la poesía completa de Joaquín Giannuzzi

El tomo idem de Viel Temperley

El salmón, de Fabián Casas, reeditado por Mansalva

El tren casi fluvial, de Francisco Madariaga (es más difícil de encontrar)

La antología poética de César Mermet


Pedro Mairal (argentino) es autor del libro de cuentos Hoy temprano, de los libros de poesía Tigre como los pájaros y Consumidor final, y de las novelas Una noche con Sabrina Love (premio Clarín 1998) y El año del desierto.

Link a su sitio web: http://www.pedromairal.com.ar

Su blog: http://www.pedromairal.blogspot.com

16 noviembre, 2007

Más Paul Valéry


Ayer hablaba de la edición en castellano de los maravillosos cuadernos de Paul Valéry. Lo que sigue es una traducción que hiciera hace unos seis años, por puro placer, de algunos fragmentos.



Escribo aquí todas las ideas que me vienen. No es que las acepte. Este es su primer estado. Todavía un poco dormidas.


Hay días para los conjuntos y días para los detalles.


En lo que atañe al "pensamiento", las obras son falsificaciones porque eliminan lo provisorio y lo no-reiterable, lo instantáneo y la mezcla de impuro y puro, desorden y orden.


El rigor imaginativo es mi ley.


He comprendido una cosa cuando creo que podría haberla inventado. La sé totalmente cuando acabo por creer que soy yo quien la ha descubierto.


Existo para encontrar algo.


Mi vida no tiene nada de extraordinario. Pero mi modo de pensar la transforma.


Trabajo para alguien que vendrá después.


Hijo mío, te educaré bastante mal si soy incapaz de inculcarte unos preceptos que yo mismo no entiendo.


El único placer consiste en dar con resultados inesperados al cabo de un análisis riguroso.


Devoro con el pensamiento todo cuanto cuya esencia es el pensamiento. El resto se me escapa y no lo persigo.


No fui hecho para las novelas ni para los dramas. Sus grandes escenas, colores, pasiones, momentos trágicos, lejos de exaltarme, me llegan como pobres destellos, como estados rudimentarios donde todas las tonterías se manifiestasn, donde el ser se simplifica hasta la idiotez, y se ahoga en lugar de nadar en las circunstancias del agua.
No leo en el periódico ese sonado drama, ese hecho que hace palpitar los corazones. ¿Adónde me conduciría sino a la puerta de esos problemas abstractos donde ya me instalado por completo?


¡Qué difícil es pensar sin suspirar!


Me hace falta un alemán para que concluya mis ideas.


No siempre comparto mi opinión.


Mi trabajo es un trabajo de paciencia ejecutado por un impaciente.


Lo que me resulta difícil siempre me resulta nuevo.


Hace ya tiempo que los poemas no me interesan sino por sus artificios. No necesito emociones ajenas.


Yo no quiero convencer a nadie ni ser por nadie convencido.


Mi rasgo intelectual más constante y más marcado es el siguiente: todo cuando se me dice --todo cuanto leo se me aparece como si debiera ser traducido.~

(Traducción de Eduardo Berti)

15 noviembre, 2007

Los cuadernos de Valéry


Por fin se editaron en español los Cuadernos de Paul Valéry o, al menos, una selección de ellos. El diario El País de España publicó un artículo acerca del tema. Este un extracto del mismo:

Cuando Paul Valéry murió en París en 1945, su familia descubrió lo que tenía entre manos: 261 cuadernos. ¿Qué podían hacer? ¿Cómo enfrentarse a las miles y miles de anotaciones que contenían? El susto tuvo que ser tal que la opción inmediata fue hacer una edición facsimilar. Que todo salga tal cual. Entre 1957 y 1961, y con una discreta tirada de cinco centenares de ejemplares, se publicaron los cuadernos en 29 tomos. Sin tocar nada, como el autor los había dejado.

Se presentó en Madrid la primera traducción que se hace al español de esta singular aventura literaria. Cuadernos (1894-1945) (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) es una antología de más de 500 páginas que ha realizado Andrés Sánchez Robayna -y que ha traducido también él con Maryse Privat y Fátima Sainz- de la obra original de Paul Valéry (en Francia y en Alemania se han publicado los cuadernos completos y en Italia están en camino). ¿Qué hay ahí? Pues mucho y de lo más diverso, y con la contundencia y lucidez de una inteligencia que trabajaba en estado de máxima concentración y que pretendía ocuparse, tratar, pensarlo e imaginarlo todo.

Contó ayer Sánchez Robayna que, en vida, Valéry se planteó lo que podía hacer con lo que contenían sus cuadernos. "Empezó a pasar algunas anotaciones a máquina, pero al final lo dejó todo en manos de dos secretarias, que debían ocuparse de ordenar sus apuntes por temas". De hecho, la primera antología de los cuadernos que publicó Gallimard en 1981 se ordenó siguiendo ese criterio, que es también el que se ha utilizado ahora. Con leer el índice se comprende qué diablos hacía el autor de El cementerio marino a primeras horas del día, solo consigo mismo y arañando hoja tras hoja. Ego, Lenguaje, Filosofía, Sistema, Memoria, Tiempo, Sueño, Conciencia, Eros, Matemáticas, Ciencia, Poesía, Historia-Política... Por sólo citar unas cuantas áreas que centraron su interés.

He aquí unas cuantas cápsulas para ir haciendo boca: "Todo está predicho por el diccionario". "Pensar es esperar más o menos pasivamente". "El despertar da a los sueños una reputación que no se merecen". "El álgebra es la expresión reducida a los actos". "La mezcla de amor y mente es la bebida más embriagadora". "El poema es a la novela lo que el sonido es al ruido". "En una guerra moderna, si alguien mata a alguien, mata a su proveedor o a su cliente".

¿Qué son los cuadernos? Un taller de escritura, un diccionario intelectual, una enciclopedia íntima, un repertorio filosófico, la suma de un pensamiento libre. De todas esas maneras los definió Sánchez Robayna. Dijo que son creación, pero también reflexión sobre el proceso creativo y sobre el proceso mental. En sus páginas resuenan ecos de Pascal y Montaigne, "pero tienen mucho que ver con lo que hicieron Novalis y Leopardi, que fueron también poetas y pensadores y que escribieron también múltiples anotaciones sobre múltiples cuestiones", comentó.~

14 noviembre, 2007

Amar hasta fracasar

Algunos adjudican este texto a Rubén Darío (Ernesto Mejía Sánchez lo incluyó al final de su edición de los Cuentos completos de Darío). Otros sostienen que su verdadero autor fue quizás el guatemalteco Antonio José Irisarri (1786 -1868) y que Darío tan sólo lo ayudó a publicarlo en el periódico literario El Ensayo. Se sabe, en todo caso, que este audaz ejercicio de monovocalismo apareció en julio de 1880, mucho antes de que Perec escribiese Les revenentes o que León Gieco grabara su “Orozco”… Acá va la tan rara hazaña:



Trazada para la A

La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán asaz cabal, tal amaba Chactas a Atala.

Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas; mas nada alcanzaban. Casar trataban; mas hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.

La plaza, llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana; mas la mamá, llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata, para agarrar adahalas (1). ¡Bravas agallas! ¿Mas bastaba tal cábala?. Nada ¡ca! ¡nada basta a tajar la llamada aflamada!

Ana alzaba la cama al aclarar; Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah ráfagas claras bajadas a las almas arrastradas a amar!. Gratas pasan para apalambrarlas (2) más, para clavar la azagaya (3) al alma. ¡Ya nada habrá capaz a arrancarla!.

Pasaban las añadas (4). Acabada la marcada para dar Blas a Ana las sagradas arras, trataban hablar a Marta para afrancar (5) a Ana, hablar al abad, abastar saya, manta, sábanas, cama, alhajar casa ¡ca! ¡nada faltaba para andar al altar!

Mas la mañana marcada, trata Marta ¡mala andanza! pasar a Santa Clara al alba, para clamar a la santa adaptada al galán para Ana. Agarrada bajaba ya las gradas; mas ¡caramba! halla a Ana abrazada a Blas, cara a cara. ¡Ah! la a nada basta para trazar la zambra armada. Marta araña a Ana, tal arañan las gatas a las ratas; Blas la ampara; para parar las brazadas a Marta, agárrala la saya. Marta lanza las palabras más malas a más alta garganta. Al azar pasan atalayas, alarmadas a tal algazara, atalantadas a las palabras:

-¡Acá! ¡Acá! ¡Atrapad al canalla mata-damas! ¡Amarrad al rapaz!

Van a la casa: Blas arranca tablas a las gradas para lanzar a la armada; mas nada hará para tantas armas blancas. Clama, apalabra, aclara ¡vanas palabras! Nada alcanza. Amarran a Blas. Marta manda a Ana para Santa Clara; Blas va a la cabaña. ¡Ah! ¡Mañana fatal!

¡Bárbara Marta! Avara bajasa (6) al atrancar a Ana tras las barbacanas sagradas --algar (7 ) fatal para damas blandas--. ¿Trataba alcanzar paz a Ana? ¡Ca! ¡Asparla (8), alafagarla, matarla! Tal trataba la malvada Marta. Ana, cada alba, amaba más a Blas; cada alba más aflatada, aflacaba más. Blas, a la banda allá la mar, tras Casa Blanca, asayaba(9) a la par un gran mal; a la par balaba(10) allanar las barras para atacar la alfana (11), sacar la amada, hablarla, abrazarla...

Ha ya largas mañanas trama Blas la alcaldada: para tal, habla. Al rayar la alba al atalaya, da plata, saltan las barras, avanza a la playa. La lancha, ya aparada (12) pasa al galán a La Habana. ¡Ya la has amanada (13) gran Blas; ya vas a agarrar la aldaba para llamar a Ana! ¡Ah! ¡Avanza, galán, avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán ¡avanza, galán, avanza!

Mas para nada alcanzará la llamada: atafagarán (14) más la tapada, taparanla más. Aplaza la hazaña.

Blas la aplaza; para apartar malandanza, trata hablar a Ana para Ana nada más. Para tal alcanzar, canta a garganta baja:

La barca lanzada
allá al ancha mar
arrastra a La Habana
canalla rapaz.
Al tal, mata-damas
llamaban asaz,
mas jamás las mata,
las ha para amar.
Fallas las amarras
hará tal galán,
ca, brava alabarda
llaman a la mar.
Las alas, la aljaba,
la azagaya...¡Bah!
nada, nada basta
a tal batallar.
Ah, marcha, alma Atala
a dar grata paz,
a dar grata andanza
a Chactas acá.

Acabada la cantata Blas anda para acá, para allá, para nada alarmar al adra (15). Ana agradada a las palabras cantadas salta la cama. La dama la da al galán. Afanada llama a ña Blas, aya (16) parda. Ña Blasa, zampada a la larga, nada alcanza la tal llamada; para alzarla, Ana la jala las pasas. La aya habla, Ana la acalla; habla más; la da alhajas para ablandarla. Blasa las agarra. Blanda ya, para acabar, la parda da franca bajada a Ana para la sala magna. Ya allá, Ana zafa aldaba tras aldaba hasta dar a la plaza. Allá anda Blas. ¡Para, para, Blas!

Atrás va Ana. ¡Ya llama! ¡Avanza, galán avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán. ¡Avanza, galán, avanza!

-¡Amada Ana!..

-¡Blas!...

-¡Ya jamás apartarán a Blas para Ana!

-¡Ah! ¡Jamás!

-¡Alma amada!

-¡Abraza a Ana hasta matarla!

-¡¡Abraza a Blas hasta lanzar la alma!!...

A la mañana tras la pasada, alzaba ancla para Málaga la fragata Atlas. La cámara daba lar para Blas, para Ana...

Faltaba ya nada para anclar; mas la mar brava, brava, lanza a la playa la fragata: la vara.

La mar trabaja las bandas: mas brava, arranca tablas al tajamar; nada basta a salvar la fragata. ¡Ah tantas almas lanzadas al mar, ya agarradas a tablas claman, ya nadan para ganar la playa! Blas nada para acá, para allá, para hallar a Ana, para salvarla. ¡Ah tantas brazadas, tan gran afán para nada, hállala, mas la halla ya matada! ¡¡¡Matada!!!... Al palpar tan gran mal nada bala ya, nada trata alcanzar. Abraza a la ama:

-¡Amar hasta fracasar! -clama...

Ambas almas abrazadas bajan a la nada (17). La mar traga a Ana, traga a Blas, traga más...¡Ca! ya Ana hablaba a Blas para pañal, para fajas, para zarandajas. ¡Mamá, ya, acababa Ana. Papá, ya, acababa Blas!...

Nada habla La Habana para sacar a la plaza a Marta, tras las pasadas; mas la palma canta hartas hazañas para cardarla la lana.~


NOTAS:
1. Adahalas, lo mismo que adehalas.
2. Apalambrar, incendiar.
3. Azagaya, dardo.
4. Añadas, el tiempo de un año.
5. Afrancar, dar libertad, licencia.
6. Bajasa, mujer mala (El Diccionario de la Academia no la trae).
7. Algar, caverna o cueva.
8. Aspar, atormentar.
9. Asayar, experimentar.
10. Balar, desear ardientemente.
11. Alfana, iglesia. Voz de la germanía.
12. Aparar, preparar.
13. Amanar, poner a la mano. Ya la tienes a mano
14. Atafagar, fatigar, sofocar.
15. Adra, porción de un barrio, barriada.
16. Aya, se dice vulgarmente de las criadas de razón.
17. Almas por cuerpos, Dios me libre de la impiedad.

13 noviembre, 2007

Los sueños según Lichtenberg


Los sueños nos enfrentan a menudo a situaciones y acontecimientos en los que, en estado de vigilia, difícilmente hubiéramos podido ser involucrados; o bien nos hacen sentir inconvenientes que quizás hubiéramos despreciado por pequeños y remotos y en los cuales, precisamente por eso, nos hubiéramos visto implicados con el tiempo. De ahí que, a menudo, un sueño modifique nuestra decisión y afiance nuestro fundamento moral mejor que todas las doctrinas que llegan al corazón dando un rodeo.~



Tomado de Aforismos de Georg Christoph Lichtenberg, 1742-1799. (Edhasa, Barcelona, 1990). Traducción de Juan del Solar.

12 noviembre, 2007

La tortuga y Aquiles



Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.~

Augusto Monterroso (1921-2003)

11 noviembre, 2007

Natsume Sôseki

Por Eduardo Berti

Tras la edición en la Argentina de algunos textos centrales de las letras japonesas (El libro de la almohada, de Sei Shonagon, o Cerezos en tinieblas, de Iguchi Ichiyo), tras la exhaustiva recuperación de la obra del premio Nobel 1968, Yasunari Kawabata, parece llegarle ahora el merecido turno a Natsume Sôseki, padre de la literatura japonesa del siglo XX.


La vida de Sôseki (1867-1916) coincidió con el período Meiji que, de 1868 a 1912, marcó la caída del régimen despótico en el Japón y la definitiva modernización del país. Nacido en la ciudad de Edo (un año más tarde rebautizada Tokio), Sôseki estudió de 1900 a 1902 en Londres y, de regreso, se volcó por un tiempo a la docencia, en Matsuyama y en la Universidad de Tokio donde sucedió a Lafcadio Hearn en la cátedra de literatura inglesa. Esa actividad inspiró una de sus novelas más populares (Botchan), pero su mayor éxito en vida lo obtuvo en 1905 con Yo, el gato (existe traducción al español), novela satírica narrada a través de los ojos del gato de un profesor de inglés.

Aunque estas novelas estaban dotadas de vitalidad, Sôseki fue tendiendo con los años a libros más rememorativos o meditativos. No hay que pensar en una obra de la vejez (vivió apenas 49 años), sino acaso, como se ha insinuado, en una personalidad depresiva. En su magnífico Garasudo no uchi, suerte de testamento escrito en 1915, Sôseki consignó el episodio más traumático de su vida: cuando supo quiénes eran sus verdaderos padres. Como él era “lo que se llama un último retoño” y como a su madre “le daba vergüenza haber quedado embarazada a su edad”, pasó un tiempo al cuidado de una nodriza y luego fue dado a una familia adoptiva, un matrimonio pobre que vivía de la venta de muebles viejos. Un día, su hermana pasó por el negocio de éstos, lo raptó y lo llevó de regreso a su hogar. “No sé cuánto tiempo viví convencido de que mis padres eran mis abuelos. Hasta que una noche ocurrió algo curioso. Mientras dormía a solas en el salón, oí que una voz susurraba mi nombre. (…) Era la empleada doméstica de casa. En medio de la penumbra, murmuraba: ‘Los que tomas por tus abuelos son, en verdad, tus verdaderos padres’“.

Kusamakura (“Almohada de hierbas”), publicado originalmente en 1906 y ahora traducido por Amalia Sato, se vincula con la segunda etapa de Sôseki, lo mismo que el libro donde apuntó sus sueños o los Pequeños cuentos de primavera (1909), hechos de minúsculos detalles. “Según el autor era una novela haiku –una novela con un propósito ante todo estético-, modalidad en la que no volvió a incursionar”, explica Sato en un prólogo que descibre con justeza esta novela: “El protagonista se mantiene inmóvil mientras los acontecimientos se van sucediendo alrededor, con una oscilación entre el ejercicio del comentario artístico y la historia de misterio”. El protagonista, un pintor de inclinaciones poéticas que anhela “apartarse del mundo”, viaja a un recóndito pueblo donde hay aguas termales. Si se compara con Mont Oriol, de Maupassant, novela donde el descubrimiento de un manantial de aguas termales permite la pintura de una multitud de personajes, en este caso la atmósfera dista de toda mundanidad. Al contrario, el personaje femenino que cautiva al narrador es casi fantasmal. Y los tramos reflexivos, los recuerdos o las digresiones líricas son tan importantes como la delgada trama.

A diferencia de tantos escritores que posan de pensadores, Sôseki lo es de forma genuina, sin que ello lo debilite como narrador. Abundan aquí las ideas estéticas (“un artista es una persona que vive en el triángulo que queda luego de que el ángulo que denominamos sentido común ha sido retirado de este mundo con cuatro esquinas”) , pero también las opiniones sobre la ceremonia del té (“revoltijo de reglas triviales”) o sobre los ferrocarriles, entendidos como el símbolo del siglo XX y de “los peligros que abundan en la moderna civilización”. La primera frase de Kusamakura es significativa: “Mientras subía el sendero de montaña, me puse a pensar”; es decir, acción y pensamiento por partes iguales. Algo análogo se detecta si se toman, a grandes rasgos, los capítulos iniciales. El primero abre con siete párrafos netamente reflexivos, a los que siguen siete párrafos narrativos, tres reflexivos, uno narrativo y cinco reflexivos. En el segundo capítulo hay cinco poemas intercalados. El autor no sólo logra este equilibrio con lirismo y profundidad, sino que, en más de un pasaje, parece aludir de manera autoconciente a su procedimiento. De este modo, al menos, pueden leer las menciones al Tristram Shandy de Sterne (novela a la que Sôseki le consagrara un largo ensayo) o, más aún, las teorías de la lectura del narrador que, en vez de leer “desde el principio hasta el fin”, escoje al azar algunas partes, despreciando el argumento.

Hablando de la escultura en la antigua Grecia, Sôseki afirma, por medio de su narrador, que su ideal podía resumirse como una especie de energía en reposo. “¿Movimiento o reposo? Esta pregunta candente domina el destino de los artistas”, puede leerse. Movimiento o reposo es, precisamente, una de las tensiones fundamentales de este libro que, entre novela (movimiento) y haiku (estampa quieta), indaga la fugacidad de las cosas, hace del viaje una metáfora de la búsqueda y medita sobre la imposibilidad o los riesgos de escapar de la realidad.~

09 noviembre, 2007

Cinco libros: Fernando Sorrentino

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Fernando Sorrentino:


Eduardo: Me pedís cinco pero elijo seis. El único criterio que tengo es el grado de placer que me produjo la lectura de estos libros, y que me ha impulsado a releerlos:


El proceso, de Franz Kafka (la novela más hermosa del mundo).

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (fiesta de ternura y de juego).

El Aleph, de Jorge Luis Borges (¡qué maravilla!).

Martín Fierro, de José Hernández (texto inagotable: en cada relectura encuentro nuevos matices y sutilezas).

Rosaura a las diez, de Marco Denevi (mecanismo de relojería, sí, pero pleno de vida).

David Copperfield
, de Charles Dickens (¡ah, esas peripecias, esas vivencias encantadoras!)


Estos seis libros acudieron espontáneamente. Pero, un instante más tarde, llegan otros queridos amigos, que bien pudieron haber llegado antes: Lazarillo de Tormes, Don Casmurro (Machado de Assis), La isla del tesoro (Stevenson), Las minas del rey Salomón (Haggard), Grandes esperanzas (Dickens), Final del juego (Cortázar), Un pequeño café (Denevi), Nueve cuentos (Salinger), Crimen y castigo (Dostoievski)… En fin: estas listas son siempre heterogéneas, caóticas y, sobre todo, provisionales. A menudo dependen del azaroso momento en que el encuestado recibe la pregunta.~


Fernando Sorrentino (argentino) es autor de la novela Sanitarios centenarios, de varios libros de cuentos (Imperios y servidumbres, El mejor de los mundos posibles, El rigor de las desdichas, Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza, El regreso y otros cuentos inquietantes, entre varios títulos) y de un libro de conversaciones con Jorge Luis Borges.

08 noviembre, 2007

La hora del té


Por Eduardo Berti

Hay casos de encuentros entre hombres notables que, aun siendo decepcionantes, resultan útiles a los historiadores llegado el turno de delimitar etapas. Algo por el estilo ocurrió el 1° de noviembre de 1878 cuando Henry James fue a visitar a George Eliot, una autora que admiraba públicamente, aunque no por las mismas causas que su contemporáneo Thomas Hardy, más conservador y provincial en sus razones, si caben estos términos.

La escritora acababa de dar a conocer Daniel Deronda, su última novela, y vivía en Witley con George Henry Lewes, consejero literario y amante. James ya se había entrevistado con ella en 1869, en su primera visita a Gran Bretaña; ahora tenía 35 años, se había instalado desde 1876 en Londres y había cifrado grandes expectativas en esta segunda cita, según puede leerse en sus memorias The Middle Years.

El encuentro, no obstante, estuvo lejos de lo que James aguardaba: el té nunca fue servido, Eliot aceptó con aire distraído los dos tomos dedicados de The Europeans y, a punto de despedirlo, Lewes le dio para que leyera en el viaje de retorno, quién sabe si a propósito o por accidente, dos libros que resultaron ser los mismos tomos de The Europeans.

Existe, a decir verdad, otra versión algo cambiada y menos agradable del episodio; en ella, Lewes se limita a devolver los libros murmurando casi molesto: "Lléveselos, por favor, lléveselos". Como sea, en su historia de la novela británica Malcolm Bradbury postuló una explicación para la amarga escena: dice que Lewes estaba muy enfermo y que moriría a las pocas semanas; dice que la propia Eliot también se hallaba cerca de su muerte, que simbólicamente marcó el fin de la novela victoriana.

En cuanto a James, el año siguiente publicó The Portrait of a Lady y tal vez, como aventuró Bradbury, "no sea accidental que esa novela abra con una famosa referencia a la hora del té".~

07 noviembre, 2007

Madrugar según Ibargüengoitia

Los efectos de madrugar son de muchas índoles, pero todos ellos corrosivos de la personalidad. Hay quien se levanta temprano a fuerzas, se para frente al espejo a bostezar y a arreglarse el cabello y la cara con el objeto de dar la impresión de que se lavó. Este intento generalmente es patético. Si alcanza lugar sentado en el camión que lo lleva al trabajo se duerme sobre el hombro del vecino, desayuna en la esquina del lugar donde trabaja unos tamales, o bien dos huevos crudos metidos en jugo de naranja -que es una mezcla que produce cáncer en el intestino delgado- pasa la mañana sintiéndose infeliz, trabajando un poquito y quitándose las lagañas; se va de bruces en el camión de regreso, a las seis de la tarde.



Max Neumann


Los que se levantan temprano a fuerzas constituyen un grupo social de descontentos, en donde se gestarían revoluciones si sus miembros no tuvieran la tendencia a quedarse dormidos con cualquier pretexto y en cualquier postura. En vez de revolucionar, gruñen y dicen que el destino les hizo trampa.

Los que madrugan por gusto son peores.

—Yo siento que la cama materialmente me avienta a las cinco de la mañana.

—Mal veo despuntar el sol, brinco de la cama, abro la ventana y pregunto “¿solecito, solecito, qué quieres de mí hoy?”

—Cuando me estoy rasurando oigo el canto del primer jilguero, después, un regaderazo con agua helada, me seco con una toalla especial de ixtle para que me abra el poro, y por último mi té de boldo. Quedo como nuevo.

Esta clase de gente tiene la costumbre de salir a la calle de noche y caminar con paso vivaz por el centro del asfalto —le temen a la banqueta, porque creen que hay gente agazapada en los zaguanes, lista para asaltarlos; no se dan cuenta de que los asaltantes están dormidos a esa hora— dejan a su paso una estela de agua de Colonia o talco desodorante que queda flotando en el ambiente hasta que pasa el primer autobús. Van a misa de cinco, a la Adoración Nocturna, a hacer ejercicio, a pasear un perro desmañanado, o, peor todavía, a despertar al velador del edificio para que les abra el despacho.

Son por lo general, gente de dinero y creen que la fortuna que tienen se las concedió Dios nomás por el gusto que le da verlos levantarse temprano. Aconsejan esta práctica saludable a todo el que encuentran -en realidad no tienen otro tema de conversación, inventarían refranes si pudieran, como no pueden, repiten el consabido de “al que madruga, Dios le ayuda”, que es una afirmación que carece de fundamento histórico.

Esta clase de personajes también tiene la tendencia a obligar niños a que les piquen la panza con el dedo.

—Mira niño, es como de fierro. Aprende: estoy así porque me levanto temprano. Tengo sesenta años y mírame.

Llegan a los sesenta como jóvenes, dando brinquitos y mueren de sesenta y uno, víctimas de una trombosis cuádruple.

Los que inventaron que es bueno levantarse temprano son los que determinaron que los turnos de trabajo cambien rayando el sol, que los fusilamientos de lleven a cabo al amanecer, que se reparta la leche al alba, que no se permita la entrada de carga después de las siete de la mañana, etcétera. En resumen son los únicos responsables de que la ciudad empiece a funcionar a una hora de la que nada bueno puede esperarse.~


Fragmento de “Malos Hábitos: Levantarse temprano”, de Jorge Ibargüengoitia (1928 -1983)

Publicado en Instrucciones para vivir en México, compilado por Guillermo Sheridan (Editorial Joaquín Mortiz, México, 1990)

06 noviembre, 2007

Louis Scutenaire: Mis inscripciones

El futuro sólo en existe en el presente.


Cada vez que muere un hombre, nunca es el mismo.


No olvidemos que nuestros amos tienen alma de esclavo.


El hombre ha pasado del reino del absurdo al reino de la ridiculez.


La vida sera buena cuando el trabajo sea un lujo para todo el mundo.


Usted duerme para un patrón.


El fallo también implica la condena del juez.


Proletarios del mundo, no tengo ningún consejo para darles.


La profesión más antigua del mundo es, ay, la de sacerdote.


La existencia de los cristianos prueba la no existencia de Dios.


Hubo un tiempo en que los esclavos lloraban la muerte de su amo únicamente por temor al siguiente.


Todo es hipótesis. Incluso esta idea.

(Traducción de Eduardo Berti)


Louis Scutenaire (1905-1987), nació en Bélgica, estudió derecho y desde muy joven escribió poesía. Amigo de René Magritte, a partir de los años ’30 viajó a menudo a París donde frecuentó a René Char, Picasso, Marcel Duchamp y Benjamin Péret, entre otros. Aunque escribió las breves prosas de Mes Inscriptions a partir de los años cuarenta, la primera recopilación recién fue publicada en 1976. Le siguieron tres volúmenes más. El título fue un homenaje de Scutenaire a Restif de la Bretonne, quien llamó así a una selección de graffitti labrados en la isla Saint-Louis de París.

05 noviembre, 2007

Cinco libros: Raúl Brasca


E
stoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Raúl Brasca:


Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters

Cuentos, de Rudyard Kipling

Diccionario jázaro, de Milorad Pavic

Pálido fuego, de Vladimir Nabokov

El buen soldado, de Ford Madox Ford





Raúl Brasca (argentino) ha publicado libros de cuentos como Las aguas madres, Ultimos juegos o De mil amores o el reciente Todo tiempo futuro fue peor, además de diversas antologías como Dos veces bueno. Cuentos brevísimos latinoamericanos o Antología del cuento breve y oculto (minificciones tomadas de la literatura universal, en colaboración con Luis Chitarroni).~

02 noviembre, 2007

Flaubert y la música

Los primeros días de junio de 1879, el señor Flaubert cenaba en casa de unos amigos en la calle Murillo; en una mesa estaban reunidos insignes personajes, pero bastante taciturnos, bajo la losa de la triste noticia que acababan de recibir: la muerte del Príncipe Imperial, sobrevenida allende los mares, en una colonia inglesa, y se podía advertir que los ojos de esos caballeros, aunque secos, todavía estaban enrojecidos y brillantes como los de las damas vecinas.

Sin embargo todas esas personas se encontraban obligadas a hablar de esa gran desgracia.

El señor Octave Feuillet repetía a cada momento:

― ¿ Pero, cómo ha podido suceder semejante hecho?

Y grandes suspiros salían de cada pecho a modo de respuesta.

El señor Claudius Popelin hablaba poco y su gran barba estaba como pegada a su pecho.
Finalmente el señor Albert Dubois, pintor y músico, cuñado de Octave Feuillet, no recuerdo a propósito de qué, dijo al señor Flaubert:

― Sí, Maestro, cuando leo su prosa experimento la misma sensación que cuando ejecuto uno de mis fragmentos musicales preferidos.

Flaubert, que parecía estar sufriendo con el calor de la sala, prorrumpió en una sonora y sofocada carcajada de las que tenía por costumbre; en ese momento su frente me pareció todavía más grande y su bigote se elevó de una manera sorprendente. Después dijo:

― La música... En literatura, no admito que una misma palabra figure a menos de quince líneas de distancia. La frase debe ser completa y significar exactamente la cosa que se quiere decir. De este modo, usted puede allí encontrar un sentido que puede
parecerse a su música, mi querido Albert.~


Fragmento del libro de François Tassart: "Nuevos recuerdos íntimos sobre Guy de Maupassant"

01 noviembre, 2007

El suplicio de las moscas



La historia más terrible la encontré hoy en las memorias de una mujer, Misia Sert. La llamo «El suplicio de las moscas» y la transcribo literalmente:

"Una de mis compañeras de habitación había llegado a dominar el arte de cazar moscas. Tras estudiar pacientemente a estos animales, descubrió el punto exacto en el que había que introducir la aguja para ensartarlas sin que murieran. De este modo confeccionaba collares de moscas vivas y se extasiaba con la celestial sensación que el roce de las desesperadas patitas y las temblorosas alas producía en su piel."~

ELÍAS CANETTI, El suplicio de las moscas (fragmentos y aforismos) Anaya & Mario Muchnik. Madrid. 1994