28 septiembre, 2007

Cinco libros: Doménico Chiappe


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.



El voto de Doménico Chiappe:



Tan difícil pregunta sólo se puede contestar sin pensarlo mucho y con
la certeza que cuando la responda otra vez saldrán 5 libros distintos
de la memoria:



Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino

Osario de Dios, de Alfredo Armas Alfonso

El testigo, de Juan Villoro

Memorias póstumas de Blas Cubas, de Machado de Assis

86 cuentos, de Quim Monzó



Doménico Chiappe nació en Perú, se crió en Venezuela y vive hoy en España. Ha publicado la novela Entrevista a Mailer Daemon y el libro de relato corto Párrafos Sueltos.

Link a su blog:

http://cronicasyotrasnaranjas.blogspot.com/

27 septiembre, 2007

Las fotos del horror


Por Eduardo Berti


Se supone que existen alrededor de un millón y medio de fotografías que reflejan el horror de los campos de exterminio y de concentración nazi. Actualmente repartidas en una treintena de centros de documentación, muchas de esas fotos fueron divulgadas en su oportunidad con retoques y reencuadres. La práctica era usual en tiempos de posguerra, y si muchos editores de libros, diarios o revistas incurrieron en estas alteraciones no fue con mala intención, sino porque pensaban que de esta forma las imágenes se volvían más entendibles como instrumento para una "pedagogía del horror".

Al margen del material nazi (fotos de reportaje o propaganda, fotos con fines médicos o personales) son muy raros los casos de fotos realizadas clandestinamente por los detenidos. Entre estas últimas se encuentran las cuatro fotos que en agosto de 1944 tomaran, poniendo aún más en riesgo sus vidas, cinco prisioneros de Auschwitz-Birkenau que formaban parte de un Sonderkommando (un equipo de detenidos) y eran obligados a trabajar en uno de los crematorios. El operativo para introducir la cámara dentro del campo no fue nada sencillo, tal como ha rememorado Dawid Szmulewski, el último sobreviviente. El aparato fue disimulado dentro de un tacho de comida y con él se pudieron capturar las únicas imágenes hasta hoy conocidas de una exterminación en una cámara de gas. El líder de la audaz operación fue un judío nacido en Grecia, de nombre Alex y de apellido ignorado. Escondido dentro de un tubo de pasta dentífrica, el rollo con las cuatro fotos fue entregado para su difusión a un grupo de militantes de la resistencia de Cracovia.

Otras fotos sobrevivieron gracias a George Angeli, un ex prisionero de Buchenwald que entre junio del '43 y agosto del '44 estuvo afectado al Erkennungsdienst (servicio de identificación) de dicho campo, en el que había un estudio fotográfico, un laboratorio y una sala de archivos. De forma clandestina, Angeli hizo copias extras de varias fotos y consiguió esconderlas: imágenes de ejecuciones, de cadáveres, de traslados de prisioneros vivos o muertos. "Aquellas fotos eran muy comprometedoras para los nazis pero su gran perfeccionismo, en el peor sentido del término, los animaba a registrar todo aquello", dijo Angeli años después. Cuando Himmler visitaba el lugar, los altos mandos le mostraban esas fotos para probarle que sus órdenes habían sido cumplidas.


TRAS LA GUERRA

La guerra terminó el 2 de septiembre de 1945, luego de que el 6 y 9 de agosto cayeran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Por entonces se encontró en Auschwitz una valija con unas 2 400 fotos familiares incautadas a los deportados. Quien llegaba a ese u otro campo era desprovisto de todas sus pertenencias: ropas, documentos, libros, fotos. Las fotos pasaban a formar parte del lote de objetos considerados como no-reciclabes, destinados a ser quemados. La destrucción de las fotos coincidía con la incineración de los cuerpos. Jolena Roth --una sobreviviente que trabajó en la barraca adonde iban a parar los objetos incautados -- vio un día un pedazo de imagen que se quemaba y supo así que había perdido a su padre.

Los primeros campos de exterminio y de concentración fueron descubiertos antes de que la guerra terminara de forma oficial: Majdanek el 23 de julio de 1944, Struhof el 23 de noviembre del mismo año, Auschwitz el 27 de enero de 1945. Fue tras el descubrimiento del campo de Ohrdruf (anexo de Buchenwald), en abril del '45, que los estados mayores aliados decidieron mediatizar el tema y poner en marcha una campaña de pedagogía por el impacto y el horror. Entonces la prensa (más la occidental que la rusa) empezó a ser elocuente acerca del tema.

En su libro Sobre la fotografía, Susan Sontag recuerda su primer encuentro con "el inventario fotográfico del horror absoluto" . Tenía ella 12 años cuando descubrió por azar unas fotos de Dachau y Bergen-Belsen en una librería de Santa Monica. "Nada de lo que vi después, en foto o en vivo, me impresionó de manera tan aguda, profunda, instantánea", escribió Sontag, para quien su vida se divide en dos épocas: "antes y después del día en que vi esas fotos".

El filósofo francés Philippe Mesnard, autor de un libro sobre el tema del exterminio (Consciencies de la Shoah) sostiene que hasta aquel entonces la humanidad no había visto ninguna imagen comparable. "La gente no había visto imágenes de víctimas civiles de la guerra de 1914/18. Las únicas fotos conocidas de víctimas civiles eran las de Guernica, en la guerra civil española". ~


Para ver la otra cara de la moneda (las fotos de los altos mandos nazis en el campo de Auschwitz), recomiendo este link:


http://www.ushmm.org/research/collections/highlights/
auschwitz/auschwitz_album/

26 septiembre, 2007

Cuentos y noticias


Por Eduardo Berti



En mi entrada del 11 de septiembre hice alusión a las “Nouvelles en trois lignes” (Cuentos o noticias en tres líneas) del francés Felix Fénéon. No es el único caso, conviene aclarar, en que el estilo o la jerga del periodismo sirven como vehículo para contar una historia.

Muchos autores de cuentos breves o hiperbreves han empleado este mismo recurso. Al fin y al cabo, las palabras “novella” y “nouvelle” provienen de novedad o noticia.

El poeta Paul Leautéaud (cuya obra más leída en la actualidad son sus diarios, publicados póstumamente) publicó en vida un libro llamado Passe-temps, con pequeñas prosas que hacen pensar en Fénéon:

Atropellaron al gato de una hotelera en la rue Christine cuando éste estaba absorto en el acecho de una rata. Apenada, la hotelera dijo: «ha muerto con honor».


En casi todos los textos de El imitador de voces, del austríaco Thomas Bernhard (libro publicado en 1978, once años antes de la muerte de Bernhard), tras los “casos” presentados subyace un tono claramente periodístico (o de crónica), aunque salpicado de repeticiones y puesto al servicio de esas frases largas, envolventes, típicas de su autor:

El imitador de voces, que ayer por la tarde fue huésped de la Asociación de Cirujanos, se mostró dispuesto, después de su representación en el Palais Pallavicini, al que lo había invitado la Asociación de Cirujanos, a ir con nosotros a Kahlenberg, para allí, donde tenemos una casa siempre abierta a todos los artistas, exhibirnos también su arte, naturalmente a cambio de unos honorarios. Rogamos al imitador de voces, que procedía de Oxford, Inglaterra, pero había ido al colegio de Landhurst y había sido en otro tiempo armero de Berchtesgaden, que no se repitiera en el Kahlenberg, sino que nos representara algo totalmente distinto de lo de la Asociación de Cirujanos, es decir, que imitase en el Kahlenberg voces totalmente distintas de las del Palais Pallavicini, lo que nos prometió a nosotros, que habíamos estado entusiasmados con el programa que presentó en el Palais Pallavichini. Realmente, el imitador de voces nos imitó en el Hahlenberg voces totalmente distintas, más o menos famosas, de las de la Asociación de Cirujanos. Pudimos formular también deseos, que el imitador de voces satisfizo con la mejor voluntad. Con todo, cuando le propusimos que, para terminar, imitase su propia voz, nos dijo que eso no sabía hacerlo.


También abundan los ejemplos en la tradición del microrrelato latinoamericano. En cuentos de claros rasgos periodísticos como “Flash”, “De l’Osservatore” o “Alarma para el año 2000” , los tres del mexicano Juan José Arreola, estamos ante una abierta parodia, así como en ciertos fragmentos de Un tal Lucas de Julio Cortázar, incluidos en la sección bautizada “Vidas de artistos”:


El timbalero Alcides Radaelli aprovechaba los poemas sinfónicos de Richard Strauss para enviar mensajes en Morse a su novia, abonada al superpúlman, izquierda ocho.

Un telegrafista del Ejército, presente en el concierto por haberse suspendido el box en el Luna Park a causa del duelo familiar de uno de los contendientes, descifró con gran estupefacción la siguiente frase que brotaba a la mitad de Así hablaba Zaratustra: "¿Vas mejor de la urticaria, Cuca?".


Lo mismo ocurre, también, en el cuentito “Tortuga y Aquiles”, de Augusto Monterroso, donde se combinan la intertextualidad con la forma periodística:


Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.


La parodia de la jerga periodística permite, a mi entender, un contraste interesante: se logra desviar un lenguaje estandarizado (uno de los lenguajes por excelencia de la repetición realista) para pergeñar una especie de periodismo artificioso puesto a contar hechos excepcionales, si no fantásticos o insólitos.~

24 septiembre, 2007

Cinco libros : Clara Obligado


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Clara Obligado
:


Desgracia, de J. M. Coetzee

Léxico familiar, de Natalia Ginzburg

El gran cuaderno, de Agota Kristoff

La acompañante, de Nina Berberova

Todo tiempo futuro fue peor
, de Raúl Brasca



Clara Obligado nació en Argentina y reside en Madrid desde 1976. Ha recibido el premio Lumen con su novela La hija de Marx. Entre otros títulos cabe mencionar Si un hombre vivo te hace llorar, Salsa, Las otras vidas o el ensayo Mujeres a contracorriente.

21 septiembre, 2007

Las estrategias de Maupassant

Maupassant trató de agotar la totalidad de los recursos en lo que se refiere a la utilización de un marco narrativo, verdadera llave maestra de todos sus cuentos narrados en primera primera.

El autor recurre a cinco formas para presentarnos sus historias, las que se han convertido en perfectos arquetipos, interesantes por lo tanto de esquematizar.


1. Un narrador le cuenta a un auditorio una aventura que vivió personalmente o a la que asistió en calidad de testigo (cuarenta y siete cuentos de Maupassant recurren a la estrategia) :

Bonenfant hurga en su memoria mientras repite a media voz : “¿Un recuerdo de Navidad…? ¿Un recuerdo de Navidad…?” Y de repente exclama: " Pero sí, claro que tengo uno, y es muy extraño.

(Cuento de Navidad)


2. El narrador, al encontrarse con un amigo o con un conocido, lo pone al tanto de algunos hechos que ocurrieron en su pasado (treinta y dos cuentos) :

Querido amigo, si esto no te aburre demasiado, voy a contarte unos detalles singulares acerca de mis orígenes…

(El testamento)


En estos dos primeros casos, Maupassant casi siempre vuelve en las últimas líneas del cuento a su situación o “marco” inicial. Hay un deseo de engarzar el relato.

He aquí, señoras, el milagro que me tocó ver. Bonenfant hizo silencio, después añadió con voz contrariada:
-No pude negarme a atestarlo por escrito.

(Cuento de Navidad)


Se puso de pie, dio algunos pasos y dijo, acercándose a mí:
-Pues bien, pienso que el testamento de mi madre es una de las cosas más bellas y uno de los actos más leales que una mujer pueda cumplir. ¿No piensa usted lo mismo que yo?
Le tendí las manos y contesté :
-Sí, desde luego, mi amigo.

(El testamento)


3. El narrador, dirigiéndose directamente al lector, evoca un recuerdo personal (treinta y nueve cuentos) :

Cuántas memorias de mi juventud despierta la suave caricia del sol. Hay una edad en la que todo es bueno, agradable, alegre, seductor. ¡Cómo embriagan los recuerdos amorosos de primaveras pasadas!
¿Habéis olvidado, viejos camaradas, hermanos míos, aquellos años venturosos en los cuales nuestra vida fue un triunfo constante y una carcajada continua? ¿Olvidasteis los días de vagancia en torno de París, nuestra esplendorosa pobreza, nuestros paseos a través de los bosques, nuestras borracheras de aire y de luz en las orillas del Sena y nuestras aventuras de amor, tan sencillas y encantadoras? Quiero referir una de aquellas aventuras. Tiene doce años de fecha y me parece que ya envejeció; tan vieja me parece, que se dibuja en el otro extremo de mi vida, cuando en el último recodo ya descubro el final de mi viaje.

(Recuerdo)


4. El cuento se narra en forma de carta (ocho casos entre sus relatos) :

Mi querido abate:
Mi boda con tu prima se ha roto, y de la manera más necia, por una broma pesada que le jugué casi involuntariamente a mi prometida.
Recurro a ti, mi viejo camarada, en el lío en que me encuentro, ya que tú puedes sacarme de él. Y te quedaré eternamente reconocido por ello.

(La Reliquia)



5. El narrador cuenta una aventura que le oyó contar a otra persona (venticuatro relatos) :

El ruido de unos pasos me hizo volver la cabeza; por el camino que va hacia el cabo, siguiendo la orilla del mar, pasaba una señora, alta y morena.
El señor Martini me dijo, recalcando las silabas finales:
—Esa es la señora de Parise, ¿sabe usted?
Yo lo ignoraba en absoluto, pero ese nombre, que correspondía al del pastor de Troya, no hizo sino confirmarme en mis imaginaciones.
Pregunté, sin embargo:
—Y ¿quién es la señora de Parise?
Se alegró de que yo no conociera su historia.
Le di la seguridad de que jamás la había oído, y me quedé mirando a aquella mujer, que se alejaba sin habernos visto, sumida en sus ensueños, caminando con paso lento y majestuoso, como caminan seguramente las señoras de la antigüedad. Tendría alrededor de treinta y cinco años, y era todavía una mujer hermosa, muy hermosa, aunque un poco metida en carnes.
Y he aquí lo que me contó el señor Martini:

(Mme Parisse)



Maupassant adopta con gran frecuencia el formato de la historia relatada, convencido de su eficacia: narrar de este modo una historia le proporciona un poder emotivo que jamás podría lograrse en un cuento en tercera persona. No es casual que los oyentes estallen de risa al final de una anécdota graciosa:

Pierre Létoile dejó de hablar. Sus amigotes reían.

(Mi mujer)

O que lloren tras alguna aventura dramática :

Léon Chenal dejó de hablar. Las mujeres lloraban.

(Miss Hamet)



René Godenne, El cuento francés, Editorial PUF, 1974.

(Traducción de Eduardo Berti)

20 septiembre, 2007

El número fatal de Tolstoi


Por Eduardo Berti


El 28 de agosto de 1910, la familia de León Tolstoi se hallaba reunida en sobremesa. De pronto el hijo del escritor, el conde León L. Tolstoi, se atrevió a exponer una teoría que venía desarrollando hasta el momento en secreto: a saber, que el 28 era un número fatal en la vida de su padre. "Había nacido el 28 de agosto de 1828, se había casado otro día 28", escribió el conde una década más tarde en un delgado libro titulado La verdad sobre mi padre.

Como ese año el novelista iba cumplir 82 ("el 28 al revés", se lee en el libro), León hijo tuvo un negro presentimiento. Y no se equivocó: el 28 de octubre, precisamente, el autor de Anna Karenina dejaba de forma subrepticia su casa de Jasnaïa Poliana. Eran las cinco de la madrugada. Tolstoi abandonaba a su mujer. Se sentía mal y tenía fiebre. Moriría días más tarde, el 7 de noviembre, en la estación de Astapovo.

Muchas versiones hay sobre el por qué de la fuga de Tolstoi. Su hijo León adjudica el episodio a los malintencionados consejos que le daba un discípulo de apellido Tchertkoff. "El testamento que mi padre escribió meses antes de morir, bajo influencia de Tchertkoff, y en el que dejaba librados a dominio público sus derechos autorales, fue la causa secreta, pero principal, de su fuga y de su muerte", sostiene el conde. Mortificado, Tolstoi ocultaba la existencia de aquel testamento ya que "se había convenido alguna vez que todos los derechos de autor de sus novelas quedarían para la familia", visto sobre todo el enorme esfuerzo que había hecho su esposa, copiando hasta siete veces el manuscrito de La guerra y la paz.

"Sospecho que mi padre, por primera vez en su vida, le ocultaba algo a su mujer", dice el conde en sus memorias. Lo que no se atreve a afirmar, en cambio, es si Tolstoi escogió un día 28 para la célebre fuga por mera casualidad o si lo hizo más bien a conciencia.~

19 septiembre, 2007

Cinco libros : Miguel Vitagliano


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Miguel Vitagliano:


Querido Eduardo:
Elegí los cinco libros que siguen porque considero que tienen la cualidad de invitarnos a armar constelaciones de lecturas. ¿Constelaciones de lecturas? Libros-pasaporte, libros que llevan a otros, libros que dan vuelta y hacen dar vuelta.
No todos los libros permiten armar constelaciones, algunos apenas iluminan a la distancia, otros se apagan al terminar de leerlos, y, por supuesto, también están aquellos que se tragan el cielo.
Los cinco son:


Un coeur simple, de Gustave Flaubert

Viajes, de Domingo F. Sarmiento

Obra Completa, de Oliverio Girondo

Conversaciones con Trujillo, de Graham Greene

La novela luminosa, de Mario Levrero.


Desde luego que Un Coeur Simple de Flaubert se traga todo el cielo, pero, durante el tiempo que dura la lectura, prefiere hacer de cuenta que la felicidad es algo más que el nombre de un personaje. Flaubert reunió en el relato evidentes elementos para que el lector estalle a carcajadas y que, aun con eso a cuestas, ni siquiera se anime a una mueca. Esa es la provocación de Flaubert, no menos admirable que su maestría para confundir al lector en las primeras líneas acerca de la ambigüedad de quién será la protagonista del relato; para provocar al lector que da por sentado que una sirvienta no resultaría merecedora de una atención semejante. O la manera en que construye los encadenamientos temporales al iniciar ciertos párrafos, recurriendo a destacados hiperbatones para que nadie olvide de que allí hay alguien que escribe y que el mundo no está escrito.

Los Viajes de Sarmiento son la puesta en escena de la gran máquina de un lector: transforma lo que lee en realidades y las realidades en novelas. Basta comprobarlo disfrutando las páginas en que Sarmiento recuerda a Robinson Crusoe mientras se acerca a “su isla”, o cuando analiza la realidad cultural e histórica de España valiéndose de El Quijote. Es la novela testimonial de Sarmiento.


Obra completa de Oliverio Girondo. Otra lengua para la literatura Argentina. Un río subterráneo que recorre toda la literatura. Una poesía que nunca termina. Una poesía que siempre está en falta, una poesía incorrecta. A principios de los ochenta, cuando el volumen Obra Completa de Girondo de Editorial Losada era inhallable, fotocopié todo el libro, corté las páginas y me armé dos volúmenes. Ahora tengo esos dos volúmenes y también la reedición de Losada, y releo las poemas saltando de un libro a otro.

Conversaciones con Trujillo de G. Greene. A la largo de toda su producción novelística, Greene escribió cuatro novelas ambientadas en América Latina -El cónsul honorario, El poder y la gloria, Viajes con mi tía y Nuestro hombre en La Habana- y pensaba escribir una quinta a partir de su amistad con el presidente de Panamá. Conversaciones con Trujillo podría ser leído como la historia de la novela que no fue, pero también, y por sobre todo, como la exposición de los fundamentos que hacen o no posible a una novela. Es la novela más perfecta de Greene sobre Latinoamérica, aunque se trate de la novela que no escribió.

La novela luminosa de Mario Levrero. Publicada póstumamente, en 2005, esta novela es una invitación para dejar de encontrarse tanto en todas partes y perderse de una vez. He comenzado a leerla hace unos días y no pienso terminarla, al menos hasta que encuentre otro libro de Levrero. La semana pasada, en una noche de desvelo, leí La ciudad, su primera novela, publicada en 1970, y tuve la sensación de que Kafka escribía en rioplatense.



Miguel Vitagliano (escritor argentino) publicó, entre otros libros, el ensayo Lecturas críticas sobre la narrativa argentina y las novelas Posdata para las flores, El niño perro, Los ojos así (premio Anna-Seghers, Berlín, 1996) Cielo suelto y La educación de los sentidos.

18 septiembre, 2007

Libros como billetes


"En Ema, la cautiva yo había hecho como un mito del dinero. Jugaba con la posibilidad de hacer, de imprimir el dinero de cada cual. Por entonces pensaba que la literatura era eso: que imprimir un nuevo libro equivalía a imprimir sus propios billetes, a ser su propio estado, a tener su propia soberanidad. De joven, creía que con el dinero se podía llegar a la realidad. Era una idea bastante naif. Hoy ya no pienso más de esa manera. En mis últimas novelas no hablo más de dinero."

César Aira, reportaje público (París, 2001).

17 septiembre, 2007

Leonardo y Maquiavelo


Por Eduardo Berti


Leonardo Da Vinci y Nicolás Maquiavelo se encontraron por primera vez alrededor de 1502, probablemente en la corte de Cesare Borgia. El primero trabajaba como arquitecto e ingeniero para Borgia, mientras que el segundo era miembro destacado del gobierno de Florencia. Un año más tarde, de regreso ambos en Florencia, trabaron amistad y elaboraron en conjunto un proyecto tan ambicioso como revolucionario: el de canalizar el río Arno para modificar su cauce.


Los pormenores de esta breve y misteriosa alianza entre dos de los hombres más famosos e influyentes del Renacimiento son ampliamente reflejados por el profesor norteamericano Richard D. Masters en su libro Fortune is a River, "un trabajo casi detectivesco en el que tuve que investigar sin la ayuda de testigos vivientes".

El río

En los siglos XV y XVI, Italia estaba dividida en numerosas regiones: entre ellas, el territorio papal (con su capital, Roma), el reinado de Nápoles, los ducados de Milán, Ferrara o Módena , y las repúblicas de Génova, Venecia o Florencia. Centro de artes y comercio, la ciudad de Florencia albergaba un poder ejecutivo --una asamblea política llamada Signoria-- más otras instancias de poder: los Buonomini, los Gonfalonieri y los Dieci, estos últimos responsables de las decisiones militares.

Entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI hubo una larga guerra que enfrentó a Florencia con Pisa. El motivo: Pisa bloqueaba el libre uso del río Arno y complicaba los negocios de los comerciantes florentinos. La rebeldía de los pisanos ante el poder de Florencia y la rivalidad entre las dos ciudades es tan antigua que ya en su Divina Comedia Dante Alighieri imaginaba un método para castigar a Pisa, consistente en eliminar dos islas, de modo que el río inundase la ciudad.

El desarrollo histórico de Florencia estuvo desde siempre ligado al Arno. En 1347, el gobierno florentino consideró por primera vez un proyecto para volver navegable el río. La ciudad de Milán había logrado algo por el estilo en el valle del Po, a partir del siglo XII, gracias a la construcción de una red de canales.

Leonardo Da Vinci tenía unos treinta años cuando llegó a Milán, en 1482 ó 1483. Había estudiado y trabajado hasta entonces en
Florencia. La corte de Ludovico Sforza recibió a Leonardo como músico. Poco tiempo atrás había inventado un laúd de plata que semejaba la cabeza de un caballo. Su estadía en Milán duró casi veinte años. La ciudad estaba en guerra con Venecia, y Da Vinci aprovechó para presentarle a Sforza sus muchas invenciones militares: puentes móviles, catapultas, minas, morteros.

Alrededor de 1487, Leonardo fue invitado a participar en la reparación de la catedral de Milán. "Es muy probable -- supone Masters-- que entonces conociera al arquitecto Luca Fancelli, quien ese mismo año le había escrito a Lorenzo de Medici, en Florencia, proponiéndole construir canales que volverían navegable el Arno".

Según estima Masters, fue durante estos meses que nació en Leonardo la idea de alterar el curso del río Arno. En su legendaria biografía de Da Vinci, Giorgio Vasari se refiere vagamente a estos proyectos. Los planos, dice Masters, fueron descubiertos en Madrid hace apenas poco más de treinta años.

Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo fue nombrado segundo canciller de la república de Florencia a los 29 años. Eran tiempos turbulentos: 1494 había sido el año del vertiginoso ascenso al poder de Savonarola, cuya campaña de puritanismo llegó a su apogeo con las "hogueras de las vanidades" que organizó en 1497, y en las que sus más fieles seguidores arrojaron a las llamas los objetos que consideraban lujuriosos. Un año más tarde, Savonarola fue depuesto y quemado vivo, y un nuevo gobierno se formó con Maquiavelo en sus filas.

"Durante sus dos primeros años en el gobierno --escribe Masters--, Nicolás estuvo particularmente ocupado con dos problemas: la revuelta de Pisa y las relaciones diplomáticas con Francia".

Florencia controlaba Pisa desde 1406, a pesar de que en los últimos tiempos los enemigos de la ciudad (Venecia y Milán, especialmente) habían intentado alterar esta circunstancia. Hacia 1498, fecha en que Maquiavelo asumió como segundo canciller, la recaptura de Pisa era obsesión entre los florentinos. La campaña empezó de inmediato. En mayo de 1499, Maquiavelo escribió el que se juzga su primer documento estatal: Discurso de la guerra pisana.

El ejército de Florencia, en alianza con Milán, había derrotado a los pisanos y parecía a punto de reconquistar la ciudad, cuando las tropas del rey francés Louis XII llegaron a Italia y depusieron al duque Ludovico Sforza. "Enseguida --cuenta Masters--, con la asistencia del Papa Alejandro VI, notoriamente corrupto, el rey Louis ayudó al hijo ilegítimo del Papa, Cesare Borgia, a conquistar Imola y Forli". Ahora Florencia tenía dos amenazas potenciales: la de Borgia (al este) y la de la guerra irresuelta con Pisa (al oeste).

Como las tropas francesas eran mercenarias y cobraban por hacer la guerra, el gobierno florentino se las ingenió para conseguir sus favores y revigorizar la campaña contra Pisa. En abril de 1502, Florencia firmó un acuerdo con los franceses: el ejército tomaría Pisa a cambio de un pago de cuatro mil ducados anuales durante tres años.

Mientras tanto, tras la caída de su patrón Sforza, Da Vinci estaba buscando financiamiento para sus obras e investigaciones. Volvió a Florencia y aceptó una oferta de Cesare Borgia para trabajar a sus órdenes.

En octubre de 1502, Borgia se instaló en Imola, junto con su asesor Da Vinci. La pequeña ciudad, ubicada entre Bologna y Rimini, debió ser fortificada. Leonardo trazó un minucioso mapa de Imola, considerado uno de los más exactos de su tiempo. Aquel mismo mes, el gobierno florentino envió una comitiva a través de los Apeninos para negociar con Cesare. Fue entonces, sugiere Masters, cuando Maquiavelo y Leonardo se vieron las caras por primera vez.

"Para 1502, Leonardo era un hombre famoso", señala Masters. Cosa curiosa, los abundantes informes redactados por Maquiavelo y enviados a Florencia no lo nombran ni una sola vez. Maquiavelo reporta que después de haberse entrevistado con Messer Agobito, uno de los asesores de Borgia, habló además con "otro que también está al tanto de los secretos del señor". En otro informe alude a una "larga" charla con "uno de los principales secretarios" de Cesare. Si esta persona era Leonardo, como infiere Masters, ¿qué razón podía tener Maquiavelo para soslayar su identidad? En el Renacimiento italiano las cartas eran muchas veces interceptadas. Muchos informes estaban escritos en código. Si su nombre hubiese sido mencionado, el 'amigo' de Maquiavelo habría corrido peligro de muerte.

Codo a codo

Los documentos existentes prueban que Leonardo y Maquiavelo estaban trabajando codo a codo en el verano de 1503, entusiasmados con su plan de alterar el cauce del Arno. En su libro, Masters sugiere que el segundo canciller fue el hombre clave que recuperó a Leonardo de las huestes de Cesare y lo repatrió a Florencia.


La primera misión que Da Vinci recibió del poder florentino fue la de erigir un fuerte inexpugnable en torno a la ciudad rival. ¿Quién otro, salvo Maquiavelo, estaba al tanto de las virtudes de Leonardo como constructor de fortalezas?, se pregunta Masters. Poco después, en julio de 1503, Leonardo visitó Pisa en calidad de engeniero hidraúlico (maestro di acque).

Indica Masters que Leonardo forjó dos planes: uno pacífico y económico; otro, decididamente militar. El primer plan, que desviaba el curso del Arno hacia el Norte, hacia Pistoia, ofrecía en teoría más beneficios en materia de irrigación y salida al mar, pero de nada servía para perjudicar a Pisa.


El plan de Leonardo

Incapaces de conquistar Pisa por la fuerza militar, los florentinos finalmente votaron el plan de Da Vinci. Corría agosto de 1504 cuando Maquiavelo anunció la designación de un ingeniero hidraúlico llamado Colombino para llevar a cabo la obra. El tal Colombino pidió dos mil obreros, pero pronto Maquiavelo comprendió que el ingeniero no cumplía al pie de la letra el proyecto de Leonardo.

A un mes de empezada la obra, Maquiavelo advirtió a la Signoria que la zanja de Colombino era menos profunda que el río Arno y que esto traería "efectos negativos". Seguramente fue el propio Leonardo quien le sugirió este párrafo. Lo cierto es que el Arno, en el primer intento de desvío, no tardó en volver a su cauce verdadero. Para colmo, una tormenta estalló y "parte de los trabajos se colapsaron", señala Masters. Los pisanos comprendieron de inmediato lo que tramaban sus enemigos y en cuestión de una semana destruyeron los diques y rellenaron las zanjas. El sueño de Da Vinci y Maquiavelo fracasó sin remedio, pero el gobierno de Florencia fue capaz de discernir que los errores habían estado en la ejecución y no en el plan original.

Sueños fabulosos

A pesar de su traspié, tanto Leonardo como Maquiavelo continuaron, cada cual por su lado, imaginando sueños en más de un sentido fabulosos. De 1506 a 1519, Da Vinci pudo aplicar con éxito sus teorías hidraúlicas en Milán, en los territorios papales y en Francia; asimismo, entre muchos inventos, concibió un espejo curvo (una suerte de telescopio) y experimentó con un "pájaro gigantesco", pionero de la aviación.

Maquiavelo llegó a crear las milicias ciudadanas que finalmente capturaron Pisa, pero acto seguido cayó en desgracia, cuando los Medici recuperaron el poder. Creyéndolo un conspirador, los partidarios de Giuliano di Medici lo torturaron y encarcelaron. Maquiavelo, que tenía 43 años, se puso a escribir una guía práctica de política para Giuliano, con el objeto de llamar su atención y así reconquistar un puesto de influencia. No consiguió lo buscado pero el texto acabó siendo El príncipe, su obra más recordada y uno de los libros fundamentales de teoría política. En sus últimos años, se propuso triunfar como hombre de letras. Se enamoró de una joven actriz y cantante (Barbera Salutati); escribió poemas y obras teatrales como La Mandragola y Clizia; murió en 1527 y enseguida --unos cuarenta años después, estima Masters en su libro-- el adjetivo "maquiavélico" empezó a usarse como sinónimo de engaño, falsedad, doble moral o astucia inescrupulosa.

¿Qué aprendieron ambos del fracaso del proyecto?, se pregunta el norteamericano. Es difícil decirlo, responde, porque Leonardo dejó pocas reflexiones acerca de esta empresa y Maquiavelo apenas alguna que otra mención velada.

De los axiomas fundamentales que presenta El príncipe (que la historia la escriben los que ganan; que la suerte es estar en el lugar adecuado en el momento correcto, etc), Masters sospecha que al menos uno (la necesidad de un lider eficaz que sepa ejecutar un plan con virtuosismo) se debe bastante a la experiencia del río Arno. Pero también está ese famoso pasaje del capítulo 25 de El prícipe donde Maquiavelo compara la "fortuna", e incluso la historia humana, con un río. "Durante mucho tiempo se creyó que esto no era más que una metáfora", escribe Masters en su libro. "Ahora sabemos que también refleja una experiencia práctica".~

16 septiembre, 2007

Cinco libros: Ernesto Schoo

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Ernesto Schoo :

Entre los libros que considero indispensables (porque lo han sido y lo son para mí, que los releo constantemente), están:

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust


Vidas imaginarias,
de Marcel Schwob


Ficciones
, de J. L. Borges


Otra vuelta de tuerca
, de Henry James


Sombras suele vestir
, de José Bianco…


…y (¿puedo agregar otro?) La montaña mágica, de Thomas Mann.


Ernesto Schóo, escritor, ensayista, traductor y periodista argentino. Autor, entre otros libros, de Función de gala, El baile de los guerreros, Caballos blancos, Pasiones recobradas y Caudernos de la sombra.

15 septiembre, 2007

El mejor país del mundo


Yo tengo un amigo diariero en la esquina de Maipú y Viamonte. Somos amigos desde la otra noche, en que yo volvía a mi casa a las dos de la manãna y él estaba todavía allí. Evidentemente hay noctámbulos que compran el diario. Bueno, estaba ahí, me vio y me llamó de una manera que me conmovió porque me dice: “Che, Julio, vení. Che, Julio, vení a charlar”. Yo crucé, la calle estaba totalmente vacía. El estaba con un amigo y terminamos tomando un café en el bar de enfrente. (…) Y discutimos duro sobre ideología y política. El empezó a decirme: “¿Por qué vivís lejos de aquí? ¿No sabés que la Argentina es el mejor país del mundo?”. Yo le dije: “Mirá, estás equivocado: que yo viva lejos –puedo tener mis motivos- es un problema, pero en lo que estás equivocado es en afirmar, como lo estás afirmando, engolando la voz, que la Argentina es el mejor país del mundo. La Argentina no es el mejor ni el peor país del mundo. La Argentina es un país como todos los países del mundo. Pensá que en este momento en que vos decís esto hay un mexicano que dice: México es el mejor país del mundo. Y hay un peruano diciendo: Perú es el mejor país del mundo. ¿Te das cuenta que eso nos está desuniendo en vez de juntarnos?”. El muchacho, que es muy, muy inteligente, comprendió de inmediato. (…) Claro que es un hermoso país, pero no el mejor del mundo. Y mientras no nos quitemos esa tontería de la cabeza y se la quiten los mexicanos o los peruanos le haremos el juego al enemigo, que busca –es uno de sus caminos- dividirnos por el lado del nacionalismo.

Julio Cortázar, entrevista concedida a Hugo Guerrero Marthineitz y publicada en la revista Siete Días, en diciembre de 1973.

13 septiembre, 2007

Apuntes rápidos sobre Felisberto Hernández


Por Eduardo Berti


1. Una especie de formula se repite en casi todos los cuentos de Felisberto Hernández: “Al principio ... ; poco después ... ”. Nada está cristalizado en su mundo . Todo parece en plena metamorfosis, como puesto en duda.

2. La prosa de Felisberto es metafórica. Cada párrafo lleva a otra cosa porque los símiles son extraños, inesperados; porque el “régimen metafórico” es sorprendente y heterogéneo. Estos símiles, el narrador los toma una vez y los abandona enseguida: “como un viejo animal”, “como una dama”, “como un niño de dos años”, “como quien saca bolillas de una bolsa”…

3. Ramón Gómez de la Serna ve el mundo de forma no muy distinta, rastreando (y hallando) analogías impensadas. Pero Felisberto narra mejor. Si en las novelas de Ramón la trama parece una excusa para cuajar una serie de greguerías (“caprichos” o semejanzas), en Felisberto las ocurrencias sirven a la historia, aun cuando muchas puedan leerse como “ramonismos”.

4. Como Ramón, Felisberto le concede vida a las cosas: una casa se va poniendo triste; el silencio es capaz de escuchar y de quedarse pensando; un balcón es el único amigo de cierto personaje...

5. Entre la panoplia de imágenes y de comparaciones (y de sinestesias originales, como el pianista que toca "como si encendiera luces"), Felisberto desliza digresiones de pensamientos. Su modo de razonar revela también una alta originalidad.


6. ¿Felisberto (se sabe que fue atento lector de Bergson) es la memoria “a lo Proust” relatada “a lo Kafka”?

7. Felisberto casi siempre se pone en escena a sí mismo. Como Woody Allen (¡como Kitano!) su obra depende bastante de su propio personaje, al que nunca le introduce cambios significativos. Su obra es, en algún sentido, la construcción del personaje Felisberto. ~

12 septiembre, 2007

Cinco libros: Pablo de Santis


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Pablo de Santis:



Canon inverso, de Paolo Maurensig. Una novela fantástica sobre el mundo de la música.

La casa del lago de la luna, de Francesca Duranti. Una novela que une las dos clases de personajes que obsesionaban a Henry James: escritores y fantasmas.

La muerte del estratega, de Alvaro Mutis. Una de las mejores historias de amor que he leído.

Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco. Un libro
perfecto y breve sobre la juventud perdida.

Amores imperfectos, de Edmundo Paz Soldán. Incluye un cuento genial, “Dochera”, que narra la progresiva locura de un creador de crucigramas



Pablo De Santis (argentino) es el autor de la novela El enigma de París, Primer Premio de Narrativa Iberoamericana Planeta-Casa de América. También ha escrito, entre otros libros, La traducción, Filosofía y letras y El calígrafo de Voltaire.

11 septiembre, 2007

Noticias en tres líneas, de Félix Fénéon

En las “Nouvelles en trois lignes” de Felix Fénéon (1861-1944) el doble significado de la palabra francesa “nouvelle” (noticia/cuento) es llevada a su máxima expresión literaria. Hace tiempo que pensaba ocuparme de estas miniaturas de Fénéon y hasta traducir ciertos ejemplos, pero entre tanto descubrí que el querido Vicente Molina Foix ya lo había hecho y de manera excelente.

Presentación, selección y traducción de Vicente Molina Foix .
Versión abreviada de un texto publicado originalmente en la revista Letras Libres


Fue, en su larga, descollante y también borrosa, furtiva vida, actor principal, comparsa, teórico desafiante y servidor de los genios. Amigo de Toulouse-Lautrec, Bonnard y Signac (que le retrataron), miembro, junto a Mallarmé, Verlaine, Huysmans, Laforgue o Maeterlinck, de la primera generación simbolista, en la que desempeñó además el papel de animador de sus mejores revistas literarias, Fénéon ha sido siempre reconocido como uno de los mayores y más avanzados críticos de arte de la modernidad. (… ) Dandy a la moda más de Nueva York que de Londres, diletante de gran cultura literaria que favoreció las primeras publicaciones de Joyce en Francia y propagó —en los casi diez años que fue jefe de redacción de la famosa Revue Blanche— la obra de, entre otros, Ibsen, Jarry, Gorki y Strindberg, la palabra que mejor le describe es la que usó Françoise Cachin al presentar hace casi cuarenta años una antología de sus escritos teóricos: sourcier, zahorí o buscador de fuentes.

Pero no acaba ahí la multiplicación del personaje. Anarquista militante y colaborador asiduo sobre temas de arte en pequeñas revistas libertarias, Fénéon fue inculpado (en 1894) en el tristemente célebre proceso seguido contra el llamado Grupo de los Treinta, a los que se acusaba de diversos atentados; Mallarmé declaró ante el tribunal a favor de Fénéon, que salió finalmente libre de cargos. Una decena de años después, al desaparecer la Revue Blanche, pasa a las páginas de información general de Le Figaro, y algo más tarde llega el momento por el que este hombre escurridizo se ganó un lugar en el pabellón de las letras. A lo largo de siete meses del año 1906, Fénéon tiene un epígrafe regular en el diario Le Matin que, bajo el título de "Nouvelles en trois lignes", consiste en la redacción peculiar, abreviada y siempre con el sesgo de una seca y demoledora ironía, de faits divers realmente ocurridos en ciudades y pueblos franceses. En esos cientos de noticias noveladas o novelas sucedidas destaca el temperamento del anarquista, el rebuscado pero siempre brillante estilista (el brillo de su escritura también deslumbra en sus críticas), y el inventivo creador de un mordiente humour noir.

Fénéon según el pintor Paul Signac


Noticias en tres líneas


Louis Lamarre no tenía ni trabajo ni vivienda, pero sí algunos céntimos. Compró en una tienda de ultramarinos de Saint-Denis un litro de petróleo y se lo bebió.



El cadáver del sexagenario Dorlay se balanceaba en un árbol, en Arcueil, con esta pancarta: "Demasiado viejo para trabajar".


La enfermera Elise Bachmann, que tenía ayer su día de salida, se manifestó loca en la calle.



Cierta loca detenida en la calle se hacía pasar engañosamente por la enfermera Elise Bachmann. Ésta se encuentra en perfecta salud.



Desde su infancia, la señorita Mélinette, de 16 años, cosechaba las flores artificiales de las tumbas de Saint-Denis. Se acabó: ahora está en el Depósito.




Eug. Périchot, de Pailles, cerca de Saint-Maixent, tenía en su casa a la señora Lemartrier. Eug. Dupuis vino a buscarla. Ellos lo mataron. El amor.



Encendido por su hijo de cinco años, un cohete de señales ferroviarias estalló bajo las faldas de la señora Roger, en Clichy; el estrago fue considerable.



"¡Morir a lo Juana de Arco!", decía Terbaud desde lo alto de una hoguera hecha con sus muebles. Los bomberos de Saint-Ouen se lo impidieron.



No es por la ventana por donde se entra de noche en casa de Yolanda de Montaley, en Meudon; así que ella gritó, y sólo se llevaron su cofre.




A la llegada a Marsella del expreso de París se detuvo al conductor, un hombre funesto para los paquetes postales.



El artillero Buffet huyó de la prisión de Brest con los centinelas. Sólo él ha sido capturado.




El sexagenario Gallot, de Saint-Ouen, fue detenido cuando se dedicaba a trasmitir a unos soldados su antimilitarismo.



A los ochenta años, la señora Saout, de Lambézellec (Finisterre), comenzaba a temer que la muerte la olvidase; cuando su hija salió, se colgó.



En Trianon, un visitante se desvistió y se acostó en el lecho imperial. Se pone en duda que sea, como él dice, Napoleón IV.



El criado Silot instaló en Neuilly, en la casa de su señor ausente, a una mujer divertida, y después desapareció llevándose todo, salvo a ella.~


Traducción de Vicente Molina Foix.
Versión original del texto en el muy recomendable sitio de la revista Letras Libres:

www.letraslibres.com/index.php?art=9144

09 septiembre, 2007

Cinco libros : Gonzalo Garcés

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Gonzalo Garcés :


Mi vida como hombre
, de Philip Roth

Hambre
, de Knut Hamsun

Una mujer en Berlín
, Anónimo

Percival
, de Chrétien de Troyes

Guerra a la luz de las velas
, de Daniel Alarcón




Gonzalo Garcés (escritor argentino, residente en Chile) ganó el premio Narrativa Breve-Seix Barral en el año 2000 con su novela Los impacientes. Es también autor de la novela El futuro, entre otros libros.

08 septiembre, 2007

Escribir según Clarice Lispector

No es fácil escribir. Es duro como partir rocas.

Consigo la simplicididad con mucho esfuerzo.

La forma de defenderse es escribir.

Lo que voy a escribir ya debe estar, sin duda y de algún modo, escrito en mí. Tengo que copiarme.

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo : estoy de sobra y no hay lugar para mí en el mundo de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pasajes de « La hora de la estrella », novela de Clarice Lispector publicada en castellano por Ediciones Siruela, traducción de Ana Poljak.

07 septiembre, 2007

Los Diarios de Jules Renard


Jules Renard (Châlons, 1864-París, 1910) se hizo famoso por su novela Pelo de zanahoria (Poil de carotte), por sus Historias naturales y por haber sido uno de los fundadores de la revista “Mercure de France”.

Si las Historias naturales inspiraron a Gómez de la Serna a la hora de inventar las “greguerías”, qué decir de algunas de estas frases pertenecientes a los Diarios de Renard. “Sólo me gusta escribir cosas pequeñas”, supo confesar el francés en las páginas de estos mismos diarios. No hay dudas de ello, ni de que era capaz de escribirlas muy bien.



Traducción de Eduardo Berti



La inspiración quizá no sea más que la alegría de escribir; no lo que la precede.


Tengo hábitos de acróbata solitario. Me gusta darme la espalda a mí mismo.


El gato es la vida de los muebles.



Un hombre que ve pasar un cortejo fúnebre le pregunta a otro:
- ¿Sabe usted quién es el muerto?
- Creo que es el que va en el primer coche.



Cuando se miraba en un espejo, sentía siempre la tentación de limpiarlo.



Dios, aquel a quien todo el mundo conoce de nombre.



La traducción es el crimen de las personas deshonestas que, sin conocer ni una lengua ni la otra, se proponen audazmente reemplazar una por otra.~

06 septiembre, 2007

Galaxia Borges


La editorial argentina Adriana Hidalgo acaba de editar la antología Galaxia Borges, que he realizado con Edgardo Cozarinky. Lo que sigue es un apretado resumen del contenido del libro.

Por Eduardo Berti y Edgardo Cozarinsky


En el ensayo “Kafka y sus precursores”, Borges reconoce la “voz” o los “hábitos” del autor de “La metamorfosis” en una serie de textos muy distintos y distantes entre sí. “...El hecho –escribe Borges– es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”.

Del mismo modo que todo escritor “crea” a sus precursores, puede pensarse que también deja plasmado eso que hemos querido llamar aquí “galaxia”: una suerte de telaraña que une a diferentes escritores que supieron cumplir roles de lo más variados: maestros o discípulos, rivales o cómplices, interlocutores varios, colaboradores cercanos, coautores ocasionales, etc.

Esta antología recorre la producción literaria de dieciséis escritores argentinos que, por alguna u otra razón, han estado vinculados a la vida o a la obra de Borges, si no a ambas. Los relatos dan cuenta de algún aspecto o de alguna faceta de Borges. Más aún, en alguno de ellos el propio autor de “El Aleph” aparece como personaje. Galaxia Borges refleja las huellas del maestro, claro está; pero en simultáneo cumple otro anhelo: el de proponer una especie de mapa o de retrato de una etapa en la historia de las letras argentinas.

Algunos de los autores incluidos son bien conocidos para los lectores argentinos, otros no tanto. La guerra gaucha de Leopoldo Lugones (1874-1938) y Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes (1886-1927) son obras ya canónicas, mientras que Museo de la novela de la eterna o Papeles de Recienvenido de Macedonio Fernández (1874-1952) forman parte de un canon más secreto pero no por ello secundario.

Manuel Peyrou (1902-1974) y Santiago Dabove (1889-1951), en contrapartida, son mucho menos frecuentados. Del primero puede leerse la novela El estruendo de las rosas (1948) o una muy buena recopilación (La espada dormida y otros cuentos) a cargo de su sobrino y también escritor Oscar Peyrou. En cuanto a Dabove, no publicó ningún libro en vida, y su única obra, La muerte y su traje, fue dada a conocer una década después de su muerte.

Adolfo Bioy Casares (1914-1999) y Silvina Ocampo (1903-1994) formaban con Jorge Luis Borges lo que Victoria Ocampo, hermana de Silvina, llamaba “el trío infernal”. Los tres publicaron en 1940 la imprescindible Antología de la literatura fantástica y un año más tarde la Antología poética argentina; luego Bioy y Borges publicaron Los mejores cuentos policiales (1943), Cuentos breves y extraordinarios (1957) y El libro del cielo y el infierno (1960). La novela más famosa de Bioy es La invención de Morel (1940, con prólogo de Borges), pero cabe también destacar El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969) y la reciente edición de su Borges (recuerdos personales). En cuanto a Silvina Ocampo, sus cuentos de La furia (1959), Las invitadas (1961) o Cornelia frente al espejo (1988) merecen figurar entre los mejores escritos en la Argentina durante el siglo XX.

Cercanos al “trío infernal” eran J. R. Wilcock y José “Pepe” Bianco, sobre todo el segundo. El primero, Wilcock (1919-1978), escribió varios libros de poesía y hasta una obra de teatro en verso con Silvina Ocampo (Los traidores, 1956) antes de partir a Italia, donde cambió de idioma y de género, y publicó varios libros de relatos como Hechos inquietantes (1961), El estereoscopio de los solitarios y La sinagoga de los iconoclastas, ambos de 1972. Exquisito traductor de Ambrose Bierce, Paul Valéry y Jean Genet, entre otros, José Bianco (1908-1986) fue secretario de redacción de la revista Sur de 1938 a 1961 y también un magnífico narrador. Su novela La pérdida del reino, originalmente publicada en 1972, fue reeditada por Adriana Hidalgo.

Colaboradores de la revista Sur eran, precisamente, Alfredo Pippig, Marta Mosquera, Ángel Bonomini (1929-1994) y H. A. Murena (1923-1975), aunque en el caso de este último, protegido de Victoria Ocampo, su vínculo con el “núcleo histórico” se fue volviendo más incómodo con los años. La editorial española Reverso está reeditando los cuentos de Bonomini y ha empezado por Los lentos elefantes de Milán. Con respecto a Murena, en su faceta de narrador sobresalen sus novelas Las leyes de la noche (1958) y Los herederos de la promesa (1965), además de los cuentos de El centro del infierno (1956) o El coronel de caballería (1971).

Tres otras escritoras reunidas en la antología, Gloria Alcorta, Luisa Mercedes Levinson (1909-1988) y Betina Edelberg fueron en su momento amigas cercanas de Borges. Las dos últimas han sido coautoras de un texto de ficción y de un ensayo, respectivamente, sumándose así a otras mujeres que escribieron con Borges: Alicia Jurado (Qué es el budismo), Silvina Bullrich (antología El compadrito). María Esther Vázquez (Literaturas germánicas medievales), Margarita Guerrero (El libro de los seres imaginarios) y María Kodama (Breve antología anglosajona). De Levinson conviene destacar su primera novela La casa de los Felipes (1951) y los Cuentos completos editados por Corregidor. En cuanto a Edelberg, su labor ha sido casi exclusivamente como poeta.

Entre quienes formaron parte de la “galaxia Borges”, como amigos e interlocutores, puede citarse además a las escritoras Susana Bombal y Estela Canto, y a los poetas Néstor Ibarra, Carlos Mastronardi y Roberto Godel.

La antología incluye algunas perlas raras: tres pequeños textos inéditos de Edelberg, un relato de Gloria Alcorta escrito originalmente en francés y traducido por primera vez al castellano y dos cuentos casi desconocidos de Pippig y Mosquera.

Galaxia Borges inaugura una serie de libros (de «galaxias literarias», a cargo de los mismos responsables de esta antología) que también editará Adriana Hidalgo.~

05 septiembre, 2007

La pintura del azar


"Brueghel el Viejo numeraba los colores de los personajes de sus cuadros y luego tiraba los dados para ver qué colores le tocaban a cada uno de ellos."

Claude Berge en Anoulipismes.

03 septiembre, 2007

Los mendigos de Borges

Por Eduardo Berti


En el libro de recuerdos que consagra a su amigo Jorge Luis Borges, y que por fin se ha publicado tras llevar años inédito, el poeta Carlos Mastronardi (1901-1976) relata el siguiente episodio:

Al pasar junto al atrio de una iglesia, oímos la voz de un mendigo. Después de responder a su llamado, planteamos el inmemorial problema estético: ¿por qué razón el mendigo del teatro o de la novela puede conmovernos más que su modelo real? No ha de ser -arriesgamos- porque el alma humana se nutre de ficciones. Borges habla:

-Nos conmueve más porque lo conocemos. En el transcurso de dos o tres
horas podemos mirarlo de un modo no eventual. El que acabamos de ver es apenas una imagen, una percepción suelta que estuvo en nuestro espíritu unos pocos segundos. En ese término, que es el de una instantánea impresión visual, no pudimos identificarnos con él. Con mucha frecuencia, la vida cotidiana sólo nos suministra sombras. Atado a preocupaciones y tareas, el espíritu mira sin ver.


La escena presenta en todo su esplendor la lucidez y la velocidad mental de Borges, capaz de desplegar una espléndida teoría en pocos segundos; pero también hace pensar en un cuento muy apreciado por Borges: “La mendiga de Nápoles”, breve texto de Max Jacob originalmente publicado en el libro Le Cornet à Dés (1917) e incluido más tarde por Borges y Adolfo Bioy Casares en su famosa antología de Cuentos breves y extraordinarios:

Cuando yo vivía en Nápoles, había en la puerta de mi palacio una mendiga a la que yo arrojaba monedas antes de subir al coche. Un día, sorprendido de que no me diera nunca las gracias, miré a la mendiga; entonces vi que lo que había tomado por una mendiga más bien era un cajón de madera, pintado de verde, que contenía tierra colorada y algunas bananas medio podridas.~

01 septiembre, 2007

El lingüicidio

Por Eduardo Berti

Una anciana de 94 años murió en 1987, en Pala, California. Era la última persona que sabía hablar cupeño, una antiquísima lengua norteamericana. Lo mismo ha ocurrido en los últimos tiempos con el matipú, el amapá y el banahr, con el yima, el sikiana y el yugh. Cada año mueren unos 25 idiomas en el mundo. Existen hoy alrededor de 5 mil lenguas, frente a las casi 10 mil que había hace unos cinco siglos; de continuar esta tendencia, a finales del siglo XXI quedarán exactamente la mitad, es decir, unas 2 500, o incluso menos si se confirma la aceleración del ritmo de las desapariciones.

Las cifras son consignadas por el lingüista franco-tunesino Claude Hagège en su libro Halte à la mort des langues (Alto a la muerte de las lenguas), publicado en París por la editorial Odile Jacob.

"Por supuesto, las lenguas son mortales como las civilizaciones", admite Hagège, inventor e impulsor del concepto de lingüicidio. "Pero no es por mera manía profesional que me preocupa su desaparición. Los idiomas son un reflejo de la inmensidad de las costumbres y las formas de vida que constituyen el mundo, son como ventanas a través de las cuales las poblaciones humanas ponen el universo en palabras. La pérdida de una lengua significa, por lo tanto, la pérdida de una visión del mundo: un empobrecimiento y un empequeñecimiento de la inteligencia humana".

El caso de las lenguas africanas que clasifican y dividen los objetos del mundo según criterios impensados para un europeo (objetos largos, redondos, comestibles, no comestibles) es apenas uno de los ejemplos a los que recurre Hagège para ilustrar la riqueza amenazada. Frente al verbo "correr" que se emplea en español, el pomo central, lengua aún hablada por unos pocos ancianos que viven en reservas indígenas de los Estados Unidos, 160 kilómetros al norte de San Francisco, propone cinco verbos diferentes: uno denota que quien corre es una sola persona; otro que son varias personas; el tercero que quien corre es un animal de cuatro patas (o incluso, metafóricamente, un anciano); el cuarto que corren numerosas criaturas de cuatro patas; el quinto, por último, se refiere a un grupo de personas que van en automóvil.

Hagège considera "alarmante" que, de aquí a un siglo, la humanidad pueda perder "la mitad de su patrimonio lingüistico" y compara la situación con el peligroso detrimento que se viene registrando últimamente en materia de especies naturales: según un estudio publicado en marzo de 2000 por el diario Le Monde, el ritmo de desaparición de las especies vivas es de mil a 10 mil veces superior al registrado en los periodos geológicos de extinción. Un 8 por ciento de las especies mamíferas corren un serio riesgo, lo mismo que un 3 por ciento de las aves. "Si la progresión continúa a este ritmo, la mitad de las especies animales podrá haber desaparecido para el año 2100", indica Hagège. "El número es llamativamente parecido al de las lenguas amenazadas".

Resulta revelador, por otra parte, que el 90 % de las lenguas hoy existentes (las más desconocidas) sean habladas por apenas el 5 por ciento de la población mundial. Dicho de otra manera: de los 5 000 idiomas que se estiman hoy en práctica, solamente unos 600 son hablados por más de 100 mil personas, mientras que 500 no llegan a poseer 100 locutores. La mayoría de los 170 estados que se suelen considerar como soberanos y políticamente independientes poseen como lengua oficial, única o no, alguno de los idiomas más divulgados en la actualidad: inglés, español, chino, árabe, francés, portugués.

Un grupo de 22 países se destaca especialmente por la cantidad de lenguas que se hablaban en ellos a comienzos de los 90, momento de los últimos censos de importancia. Nueve de esos países poseen, cada uno, más de 200 lenguas: en Nueva Guinea se hablan unos 850 idiomas; en Indonesia unos 670; luego vienen Nigeria (410), la India (380), Camerún (270), México (240), la República del Congo (210), Brasil y Australia, estos dos últimos con unas 200 lenguas cada uno.

"En algunas partes de Australia, cada vez que un miembro de una tribu muere, la palabra que está en la base de su apellido pasa a ser proscrita y se reemplaza su uso con una palabra tomada de alguna lengua vecina. De esta forma, en una tribu que vive en la confluencia de los ríos Murray y Darling, la palabra que significa agua llegó a ser reemplazada nueve veces en cinco años, ya que durante ese periodo murieron ocho hombres cuyo nombre encerraba dicha palabra"

La anédcota es apenas una de las tantas que recoge Hagège en su libro, repleto de hechos sorprendentes, como el de una lengua abandonada por consenso comunitario: fue el caso de los Yaaku, población del norte de Kenia que vivía pobremente de la caza y de la pesca, y que dependía económicamente de su población vecina (los Masai), cuya cultura ejercía sobre sus costumbres una influencia cada vez mayor. Los Yaaku fueron abandonando su endogamia; los casamientos entre ambas etnias se volvieron cada vez más frecuentes; los Yaaku cambiaron su modo de vida, adquiriendo una economía pastoral. El proceso llegó a una cumbre cuando un consejo de notables Yaaku resolvió, cerca de 1930, abandonar su lengua para adoptar la de sus vecinos, más pretigiante y conveniente.

"Una lengua nutre a quien la habla, así como el aire permite respirar", dice Hagège. Y hay casos, incluso, en los que una lengua "provee talismanes para sobrevivir". Es lo que ocurre incluso hoy en Angmassalik, una población esquimal del sudoeste de Groenlandia, en la que ciertos ancianos, al advertir que la muerte anda rondándoles, resuelven cambiar de nombre. "De esta forma esperan que la muerte no los reconozca, al no poder identificarlos por su nombre acostumbrado. Disimularse a través de un seudónimo, cosa que les permite le lengua, equivale para ellos a prolongar la vida".~

(Extractos de un largo artículo publicado en Página/12, Buenos Aires, Argentina)