17 septiembre, 2007

Leonardo y Maquiavelo


Por Eduardo Berti


Leonardo Da Vinci y Nicolás Maquiavelo se encontraron por primera vez alrededor de 1502, probablemente en la corte de Cesare Borgia. El primero trabajaba como arquitecto e ingeniero para Borgia, mientras que el segundo era miembro destacado del gobierno de Florencia. Un año más tarde, de regreso ambos en Florencia, trabaron amistad y elaboraron en conjunto un proyecto tan ambicioso como revolucionario: el de canalizar el río Arno para modificar su cauce.


Los pormenores de esta breve y misteriosa alianza entre dos de los hombres más famosos e influyentes del Renacimiento son ampliamente reflejados por el profesor norteamericano Richard D. Masters en su libro Fortune is a River, "un trabajo casi detectivesco en el que tuve que investigar sin la ayuda de testigos vivientes".

El río

En los siglos XV y XVI, Italia estaba dividida en numerosas regiones: entre ellas, el territorio papal (con su capital, Roma), el reinado de Nápoles, los ducados de Milán, Ferrara o Módena , y las repúblicas de Génova, Venecia o Florencia. Centro de artes y comercio, la ciudad de Florencia albergaba un poder ejecutivo --una asamblea política llamada Signoria-- más otras instancias de poder: los Buonomini, los Gonfalonieri y los Dieci, estos últimos responsables de las decisiones militares.

Entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI hubo una larga guerra que enfrentó a Florencia con Pisa. El motivo: Pisa bloqueaba el libre uso del río Arno y complicaba los negocios de los comerciantes florentinos. La rebeldía de los pisanos ante el poder de Florencia y la rivalidad entre las dos ciudades es tan antigua que ya en su Divina Comedia Dante Alighieri imaginaba un método para castigar a Pisa, consistente en eliminar dos islas, de modo que el río inundase la ciudad.

El desarrollo histórico de Florencia estuvo desde siempre ligado al Arno. En 1347, el gobierno florentino consideró por primera vez un proyecto para volver navegable el río. La ciudad de Milán había logrado algo por el estilo en el valle del Po, a partir del siglo XII, gracias a la construcción de una red de canales.

Leonardo Da Vinci tenía unos treinta años cuando llegó a Milán, en 1482 ó 1483. Había estudiado y trabajado hasta entonces en
Florencia. La corte de Ludovico Sforza recibió a Leonardo como músico. Poco tiempo atrás había inventado un laúd de plata que semejaba la cabeza de un caballo. Su estadía en Milán duró casi veinte años. La ciudad estaba en guerra con Venecia, y Da Vinci aprovechó para presentarle a Sforza sus muchas invenciones militares: puentes móviles, catapultas, minas, morteros.

Alrededor de 1487, Leonardo fue invitado a participar en la reparación de la catedral de Milán. "Es muy probable -- supone Masters-- que entonces conociera al arquitecto Luca Fancelli, quien ese mismo año le había escrito a Lorenzo de Medici, en Florencia, proponiéndole construir canales que volverían navegable el Arno".

Según estima Masters, fue durante estos meses que nació en Leonardo la idea de alterar el curso del río Arno. En su legendaria biografía de Da Vinci, Giorgio Vasari se refiere vagamente a estos proyectos. Los planos, dice Masters, fueron descubiertos en Madrid hace apenas poco más de treinta años.

Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo fue nombrado segundo canciller de la república de Florencia a los 29 años. Eran tiempos turbulentos: 1494 había sido el año del vertiginoso ascenso al poder de Savonarola, cuya campaña de puritanismo llegó a su apogeo con las "hogueras de las vanidades" que organizó en 1497, y en las que sus más fieles seguidores arrojaron a las llamas los objetos que consideraban lujuriosos. Un año más tarde, Savonarola fue depuesto y quemado vivo, y un nuevo gobierno se formó con Maquiavelo en sus filas.

"Durante sus dos primeros años en el gobierno --escribe Masters--, Nicolás estuvo particularmente ocupado con dos problemas: la revuelta de Pisa y las relaciones diplomáticas con Francia".

Florencia controlaba Pisa desde 1406, a pesar de que en los últimos tiempos los enemigos de la ciudad (Venecia y Milán, especialmente) habían intentado alterar esta circunstancia. Hacia 1498, fecha en que Maquiavelo asumió como segundo canciller, la recaptura de Pisa era obsesión entre los florentinos. La campaña empezó de inmediato. En mayo de 1499, Maquiavelo escribió el que se juzga su primer documento estatal: Discurso de la guerra pisana.

El ejército de Florencia, en alianza con Milán, había derrotado a los pisanos y parecía a punto de reconquistar la ciudad, cuando las tropas del rey francés Louis XII llegaron a Italia y depusieron al duque Ludovico Sforza. "Enseguida --cuenta Masters--, con la asistencia del Papa Alejandro VI, notoriamente corrupto, el rey Louis ayudó al hijo ilegítimo del Papa, Cesare Borgia, a conquistar Imola y Forli". Ahora Florencia tenía dos amenazas potenciales: la de Borgia (al este) y la de la guerra irresuelta con Pisa (al oeste).

Como las tropas francesas eran mercenarias y cobraban por hacer la guerra, el gobierno florentino se las ingenió para conseguir sus favores y revigorizar la campaña contra Pisa. En abril de 1502, Florencia firmó un acuerdo con los franceses: el ejército tomaría Pisa a cambio de un pago de cuatro mil ducados anuales durante tres años.

Mientras tanto, tras la caída de su patrón Sforza, Da Vinci estaba buscando financiamiento para sus obras e investigaciones. Volvió a Florencia y aceptó una oferta de Cesare Borgia para trabajar a sus órdenes.

En octubre de 1502, Borgia se instaló en Imola, junto con su asesor Da Vinci. La pequeña ciudad, ubicada entre Bologna y Rimini, debió ser fortificada. Leonardo trazó un minucioso mapa de Imola, considerado uno de los más exactos de su tiempo. Aquel mismo mes, el gobierno florentino envió una comitiva a través de los Apeninos para negociar con Cesare. Fue entonces, sugiere Masters, cuando Maquiavelo y Leonardo se vieron las caras por primera vez.

"Para 1502, Leonardo era un hombre famoso", señala Masters. Cosa curiosa, los abundantes informes redactados por Maquiavelo y enviados a Florencia no lo nombran ni una sola vez. Maquiavelo reporta que después de haberse entrevistado con Messer Agobito, uno de los asesores de Borgia, habló además con "otro que también está al tanto de los secretos del señor". En otro informe alude a una "larga" charla con "uno de los principales secretarios" de Cesare. Si esta persona era Leonardo, como infiere Masters, ¿qué razón podía tener Maquiavelo para soslayar su identidad? En el Renacimiento italiano las cartas eran muchas veces interceptadas. Muchos informes estaban escritos en código. Si su nombre hubiese sido mencionado, el 'amigo' de Maquiavelo habría corrido peligro de muerte.

Codo a codo

Los documentos existentes prueban que Leonardo y Maquiavelo estaban trabajando codo a codo en el verano de 1503, entusiasmados con su plan de alterar el cauce del Arno. En su libro, Masters sugiere que el segundo canciller fue el hombre clave que recuperó a Leonardo de las huestes de Cesare y lo repatrió a Florencia.


La primera misión que Da Vinci recibió del poder florentino fue la de erigir un fuerte inexpugnable en torno a la ciudad rival. ¿Quién otro, salvo Maquiavelo, estaba al tanto de las virtudes de Leonardo como constructor de fortalezas?, se pregunta Masters. Poco después, en julio de 1503, Leonardo visitó Pisa en calidad de engeniero hidraúlico (maestro di acque).

Indica Masters que Leonardo forjó dos planes: uno pacífico y económico; otro, decididamente militar. El primer plan, que desviaba el curso del Arno hacia el Norte, hacia Pistoia, ofrecía en teoría más beneficios en materia de irrigación y salida al mar, pero de nada servía para perjudicar a Pisa.


El plan de Leonardo

Incapaces de conquistar Pisa por la fuerza militar, los florentinos finalmente votaron el plan de Da Vinci. Corría agosto de 1504 cuando Maquiavelo anunció la designación de un ingeniero hidraúlico llamado Colombino para llevar a cabo la obra. El tal Colombino pidió dos mil obreros, pero pronto Maquiavelo comprendió que el ingeniero no cumplía al pie de la letra el proyecto de Leonardo.

A un mes de empezada la obra, Maquiavelo advirtió a la Signoria que la zanja de Colombino era menos profunda que el río Arno y que esto traería "efectos negativos". Seguramente fue el propio Leonardo quien le sugirió este párrafo. Lo cierto es que el Arno, en el primer intento de desvío, no tardó en volver a su cauce verdadero. Para colmo, una tormenta estalló y "parte de los trabajos se colapsaron", señala Masters. Los pisanos comprendieron de inmediato lo que tramaban sus enemigos y en cuestión de una semana destruyeron los diques y rellenaron las zanjas. El sueño de Da Vinci y Maquiavelo fracasó sin remedio, pero el gobierno de Florencia fue capaz de discernir que los errores habían estado en la ejecución y no en el plan original.

Sueños fabulosos

A pesar de su traspié, tanto Leonardo como Maquiavelo continuaron, cada cual por su lado, imaginando sueños en más de un sentido fabulosos. De 1506 a 1519, Da Vinci pudo aplicar con éxito sus teorías hidraúlicas en Milán, en los territorios papales y en Francia; asimismo, entre muchos inventos, concibió un espejo curvo (una suerte de telescopio) y experimentó con un "pájaro gigantesco", pionero de la aviación.

Maquiavelo llegó a crear las milicias ciudadanas que finalmente capturaron Pisa, pero acto seguido cayó en desgracia, cuando los Medici recuperaron el poder. Creyéndolo un conspirador, los partidarios de Giuliano di Medici lo torturaron y encarcelaron. Maquiavelo, que tenía 43 años, se puso a escribir una guía práctica de política para Giuliano, con el objeto de llamar su atención y así reconquistar un puesto de influencia. No consiguió lo buscado pero el texto acabó siendo El príncipe, su obra más recordada y uno de los libros fundamentales de teoría política. En sus últimos años, se propuso triunfar como hombre de letras. Se enamoró de una joven actriz y cantante (Barbera Salutati); escribió poemas y obras teatrales como La Mandragola y Clizia; murió en 1527 y enseguida --unos cuarenta años después, estima Masters en su libro-- el adjetivo "maquiavélico" empezó a usarse como sinónimo de engaño, falsedad, doble moral o astucia inescrupulosa.

¿Qué aprendieron ambos del fracaso del proyecto?, se pregunta el norteamericano. Es difícil decirlo, responde, porque Leonardo dejó pocas reflexiones acerca de esta empresa y Maquiavelo apenas alguna que otra mención velada.

De los axiomas fundamentales que presenta El príncipe (que la historia la escriben los que ganan; que la suerte es estar en el lugar adecuado en el momento correcto, etc), Masters sospecha que al menos uno (la necesidad de un lider eficaz que sepa ejecutar un plan con virtuosismo) se debe bastante a la experiencia del río Arno. Pero también está ese famoso pasaje del capítulo 25 de El prícipe donde Maquiavelo compara la "fortuna", e incluso la historia humana, con un río. "Durante mucho tiempo se creyó que esto no era más que una metáfora", escribe Masters en su libro. "Ahora sabemos que también refleja una experiencia práctica".~

3 comentarios:

Cuauhtli dijo...

Muy buena reseña. Desde luego que datos históricos tan interesantes salen a la luz en la actualidad, pero son pocos los que ya se interesan de ellos. Como si el pasado y el presente estuvieran divorciados, ya no se diga el porvenir.

Yamila Casella dijo...

Estoy investigando sobre la novela de Michael Ennis, por eso llegué al blog. Me parece muy rico el aporte y ya que están en el tema me gustaría tener una opinión seria sobre "el reverso de la fortuna" yo la encuentro inverosimil, no puedo creer que Damiata escribiera así y en efecto esa técnica del fluir de la consciencia es muy posterior... quizás por eso no sienta que habla una mujer del renacimiento. En cuanto a los datos históricos parece ser bastante apegado a lo que las libertades de la novela histórica permiten...

Yamila Casella dijo...

es rica la reseña, llegué a debido a que investigo la novela El reverso de la fortuna, la cual, hasta ahora, se me hace inverosimil, no siento que hable una mujer del renacimiento... de hecho la técnica del fluir de la consciencia es posterior... no sé si has leído la novela, me interesa tu opinión