13 septiembre, 2007

Apuntes rápidos sobre Felisberto Hernández


Por Eduardo Berti


1. Una especie de formula se repite en casi todos los cuentos de Felisberto Hernández: “Al principio ... ; poco después ... ”. Nada está cristalizado en su mundo . Todo parece en plena metamorfosis, como puesto en duda.

2. La prosa de Felisberto es metafórica. Cada párrafo lleva a otra cosa porque los símiles son extraños, inesperados; porque el “régimen metafórico” es sorprendente y heterogéneo. Estos símiles, el narrador los toma una vez y los abandona enseguida: “como un viejo animal”, “como una dama”, “como un niño de dos años”, “como quien saca bolillas de una bolsa”…

3. Ramón Gómez de la Serna ve el mundo de forma no muy distinta, rastreando (y hallando) analogías impensadas. Pero Felisberto narra mejor. Si en las novelas de Ramón la trama parece una excusa para cuajar una serie de greguerías (“caprichos” o semejanzas), en Felisberto las ocurrencias sirven a la historia, aun cuando muchas puedan leerse como “ramonismos”.

4. Como Ramón, Felisberto le concede vida a las cosas: una casa se va poniendo triste; el silencio es capaz de escuchar y de quedarse pensando; un balcón es el único amigo de cierto personaje...

5. Entre la panoplia de imágenes y de comparaciones (y de sinestesias originales, como el pianista que toca "como si encendiera luces"), Felisberto desliza digresiones de pensamientos. Su modo de razonar revela también una alta originalidad.


6. ¿Felisberto (se sabe que fue atento lector de Bergson) es la memoria “a lo Proust” relatada “a lo Kafka”?

7. Felisberto casi siempre se pone en escena a sí mismo. Como Woody Allen (¡como Kitano!) su obra depende bastante de su propio personaje, al que nunca le introduce cambios significativos. Su obra es, en algún sentido, la construcción del personaje Felisberto. ~

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