06 agosto, 2007

Los cuadernos de Hawthorne



Se está editando mi selección y traducción de los Cuadernos norteamericanos de Nathaniel Hawthorne. El libro ya salió en España, publicado por Belacqua, y en semanas existirá la versión latinoamericana, a través de Norma.

Este es un fragmento del extenso prólogo, también a mi cargo :



Vasta es la lista de escritores que, como Nathaniel Hawthorne, llevaron cuadernos de apuntes con bocetos e ideas para su uso posterior. El caso de Hawthorne, no obstante, resulta particular porque, a diferencia de los diarios de Somerset Maugham (por citar otro ejemplo en el que abundan los esbozos literarios), los “gérmenes de relatos”, como los llamaba Valéry Larbaud, o los “argumentos y proyectos”, como los llama Malcolm Cowley, constituyen uno de los ejes más importantes, sino el más interesante, de los American Notebooks.

Diversos escritores, incluido Maugham, publicaron en vida una selección de sus diarios, efectuada a conciencia por ellos mismos. Otros tantos dejaron listos sus diarios para que fuesen publicados póstumamente. Hasta donde se sabe, Hawthorne no intentó darlos a conocer en vida ni dejó orden alguna de que fueran publicados tras su muerte. Fue su viuda, Sophia Peabody, quien después del fallecimiento de su esposo, ocurrido en 1865, tomó la resolución de hacerlos públicos, a partir de una propuesta de James T. Fields, editor de Hawthorne y redactor de la revista The Atlantic Monthly.

En total, Hawthorne llegó a redactar tres volúmenes de diarios. Los Cuadernos norteamericanos abarcan el período de 1835 a 1852, vale decir su etapa de formación y madurez literaria. Vinieron luego los Cuadernos ingleses y por fin los Cuadernos franceses e italianos. El primer volumen (el de los American Notebooks) corresponde a los años en que Hawthorne vivía en los Estados Unidos y finaliza con su decisión de viajar a Inglaterra, donde cumplió funciones diplomáticas en Liverpool, desde 1853 hasta 1857.

Los Cuadernos norteamericanos se componen, en rigor, de siete cuadernos distintos. Su reconstrucción fue difícil y polémica. Hasta 1978 sólo se conocían cinco, no siete; los restantes aparecieron últimamente. La primera edición, fragmentaria y por cuenta de Sophia Peabody, data de 1868 y llevó por título Passages from the Notebooks of Nathaniel Hawthorne, dado que la viuda llevó a cabo una importante tarea de edición, selección y depuración de los textos. Para encontrar el primer intento de una versión íntegra hace falta remontarse al año 1900 y, sobre todo, a la edición de 1932 efectuada por Randall Stuart.

Llenos de tesoros ocultos, los Cuadernos asombran por su calidad pero asimismo por su variedad, ya que incluyen desde frases aisladas hasta fragmentos extensos, desde numerosas ideas para cuentos o novelas hasta anotaciones personales o párrafos puramente descriptivos, estos últimos influidos a las claras por el Walden de Thoreau. “Pocos novelistas han observado la naturaleza con tanta atención”, llegó a escribir Paul Auster al respecto. A Henry James, en contrapartida, le impacientaban las descripciones, a su juicio anodinas, de “un perro, un paseo o una persona conocida en una taberna”.

Salvo una decena de fragmentos traducidos en su oportunidad por Borges y Bioy Casares para sus magníficas antologías; salvo los pasajes traducidos por Carlos José Restrepo para su versión –en la colección Cara y Cruz, de Norma– de El holocausto del mundo; salvo un largo trecho (julio-agosto 1851) conocido bajo el título de Veinte días con Julian y conejito (Anagrama) y que en rigor constituye casi un libro aparte, una unidad dentro de una suma de textos diversos; salvo estas excepciones, los American Notebooks permanecían –increíblemente– inéditos en castellano.

El olvido es imperdonable, máxime cuando estas páginas, además de amenas y desbordantes de imaginación, vienen a completar la imagen del escritor. En un breve ensayo titulado “Hawthorne en familia”, Paul Auster ha escrito que existen múltiples Hawthorne: el maestro de Henry James; el inspirador de la teoría del cuento de Poe; el creador de alegorías; el fabulador romántico; el cronista de la Nueva Inglaterra; y hasta “el precursor de Kafka”, según Borges. La ficción de Hawthorne puede ser provechosamente abordada bajo todos estos ángulos, cree Auster, pero no es menos cierto que existe asimismo “un Hawthorne más o menos olvidado”, a causa de la amplitud de su obra: un Hawthorne privado, amante de las descripciones paisajísticas, paciente cultor de las ideas y de los pensamientos fugaces, viajero e historiador de la vida cotidiana.

Las páginas de estos cuadernos son tan frescas que Hawthorne “deja de parecernos una venerable figura del pasado”, como bien ha estimado Auster, para convertirse en un contemporáneo, un escritor en vigencia.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno. Cuándo sale el libro en la Argentina?

Carlos Saavedra

Eduardo Berti dijo...

En principio, el libro sale en octubre en la Argentina. Gracias por tu inquietud!

Anónimo dijo...

Estimado Eduardo:

He tenido la fortuna de poder leer los Cuadernos. Me pareció excelente tu prólogo: instructivo y maravillosamente escrito.
Por alguna razón (sospecho que económica)los sellos editoriales están dejando morir el arte del prefacio exquisito, a lo Chesterton. Por ello, es bienvenido tu miniensayo.

Eduardo Berti dijo...

Muchas gracias. Saludos,
E.