17 agosto, 2007

El cuento francés contemporáneo


Breves extractos de mi prólogo a la antología NOUVELLES, consagrada al cuento francés actual y publicada por editorial PAGINAS DE ESPUMA, Madrid.

Por Eduardo Berti

¿EXISTE una tradición, una línea dominante o algo que se le parezca dentro del cuento francés contemporáneo?

Harold Bloom ha señalado, a muy grandes rasgos, dos tipos de cuentos contemporáneos: los de herencia chejoviana y los de herencia kafkiana-borgiana. Aun a riesgo de sonar simplista, Bloom procura establecer una frontera neta entre dos tradiciones. En la primera, el realismo (o la ilusión de realidad) busca primar sobre el artificio, y no es raro que el narrador intente hacerse poco visible, esconderse, a fin de no afectar esta ilusión, “mostrando” más que “contando”.

Una separación igual de férrea podría establecerse, desde un punto de vista más estructural, entre los cuentos “abiertos”, los cuentos-escena (que también podrían estimarse de herencia chejoviana) y los “cerrados”, más centrados en una idea de trama y de “efecto final”, que en su ortodoxia cumplen al pie de la letra, o casi, los postulados clásicos de Edgar Allan Poe.

Si la escuela del cuento norteamericano (desde Hemingway a Carver, pasando por Cheever, Malamud o Salinger) es chejoviana por antonomasia, si buena parte del fantástico rioplatense se ha consagrado a transitar por la otra vía descrita por Bloom, ¿qué decir del cuento actual en Francia?

Lo primero a señalar es que, a diferencia de Italia, de Inglaterra o más aún del continente americano, el cuento en Francia ha ocupado últimamente un lugar periférico comparado con la novela. Por lo tanto, más que ante una escuela predominante, nos hallamos ante arrestos, si no excepcionales, por lo menos bastante aislados.

Muy lejos parecen haber quedado los ilustres antecedentes de Maupassant, Anatole France, Alphonse Allais, Marcel Schwob, Théophile Gautier, Jean Lorrain o André Pieyre de Mandiargues, sin hablar del Flaubert de “Un coeur simple”. Francia suele exhibirse y verse a sí misma como un país de novelas y novelistas. “Romancier” y “écrivain” son en la práctica sinónimos. En las librerías no es raro toparse con un letrero con la palabra “romans” (novelas), allí donde otros países suelen poner más ampliamente “literatura” o “ficción”. De escritores establecidos como J.M.G. Le Clézio o Patrick Modiano, como Marie N’Diaye o Eric Holder, por citar cuatro casos, es sencillo localizar sus novelas (tanto en librerías como en bibliotecas públicas) pero es difícil tropezar con sus volúmenes de cuentos.

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